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Cómo reducir la producción excesiva de glucosa del hígado y mejorar la sensibilidad a la insulina

Dr. Antonio Vega Hernández

SANTO DOMINGO, RD.-

Uno de los aspectos fundamentales para mantener niveles saludables de azúcar en la sangre es controlar la producción de glucosa que realiza el hígado. Este órgano cumple una función esencial en el organismo, ya que almacena y libera energía según las necesidades del cuerpo. Sin embargo, cuando existe resistencia a la insulina, el hígado puede continuar produciendo y liberando glucosa en cantidades superiores a las necesarias, incluso cuando la persona no ha ingerido alimentos durante varias horas. Este proceso está relacionado con la gluconeogénesis hepática, mediante la cual el organismo fabrica glucosa a partir de otras sustancias.

En condiciones normales, la insulina actúa como una señal que le indica al hígado que debe reducir la producción de glucosa cuando ya existe suficiente azúcar disponible en la sangre. No obstante, cuando las células desarrollan resistencia a esta hormona, la señal pierde parte de su efectividad. Como consecuencia, el hígado puede seguir liberando glucosa, contribuyendo a elevar los niveles de azúcar, especialmente durante las primeras horas de la mañana o después de un período prolongado de ayuno. Por esta razón, mejorar la sensibilidad a la insulina constituye una estrategia importante para favorecer el equilibrio metabólico.

Uno de los principales mecanismos para conseguirlo es mejorar la alimentación diaria. Reducir el consumo de bebidas azucaradas, dulces, harinas refinadas y productos ultraprocesados puede ayudar a controlar la glucosa y facilitar el manejo del peso corporal. En su lugar, conviene priorizar vegetales, legumbres, cereales integrales, frutas enteras en porciones adecuadas, proteínas saludables y grasas insaturadas. Este patrón alimentario contribuye a mejorar la calidad de la dieta y puede favorecer una respuesta metabólica más saludable, especialmente cuando se mantiene de manera constante.

Otro factor importante es la acumulación de grasa en el hígado, conocida como esteatosis hepática o hígado graso. Cuando existe un exceso de grasa en este órgano, puede alterarse su respuesta a la insulina y aumentar la tendencia a producir glucosa de manera inadecuada. La acumulación de grasa abdominal también suele relacionarse con la resistencia a la insulina. Por ello, cuando existe sobrepeso, una reducción gradual y sostenible del peso puede mejorar la salud hepática y metabólica. No se trata de recurrir a dietas extremas, sino de establecer hábitos alimentarios que puedan mantenerse a largo plazo.

La actividad física también desempeña un papel decisivo en este proceso. Caminar a buen ritmo, montar bicicleta, nadar o realizar ejercicios adaptados a la condición física ayuda a que los músculos utilicen glucosa como fuente de energía y mejora la sensibilidad a la insulina. Además, incorporar ejercicios de fuerza de manera segura contribuye a conservar o aumentar la masa muscular, un tejido importante para utilizar la glucosa circulante. La regularidad es más importante que realizar esfuerzos excesivos: comenzar con caminatas de 10 a 15 minutos después de las comidas y aumentar progresivamente puede ser una alternativa práctica para muchas personas.

El descanso nocturno y el control del estrés también merecen atención. Dormir pocas horas, mantener horarios irregulares o vivir bajo estrés constante puede alterar las hormonas que participan en la regulación de la glucosa y dificultar el control metabólico. Por eso, procurar entre siete y nueve horas de sueño cuando sea posible, mantener horarios relativamente estables y practicar actividades relajantes puede complementar los beneficios de la alimentación y el ejercicio. Asimismo, es importante evitar el consumo excesivo de alcohol, ya que puede perjudicar la salud del hígado y complicar el control de la glucosa.

Finalmente, reducir la producción excesiva de glucosa hepática requiere comprender que no existe un único alimento, remedio casero o suplemento capaz de resolver por sí solo la resistencia a la insulina. La estrategia más efectiva combina una alimentación equilibrada, actividad física regular, control del peso cuando sea necesario, buen descanso y seguimiento médico. Las pruebas de glucosa en ayunas y hemoglobina glicosilada (HbA1c), junto con la evaluación de la función hepática cuando esté indicada, pueden ayudar a conocer el estado metabólico. Aunque una glucosa en ayunas normal es una señal favorable, no descarta por sí sola todos los problemas de sensibilidad a la insulina. El objetivo debe ser mejorar la salud metabólica de forma integral, sin recurrir a medicamentos ni suplementos para reducir la glucosa sin orientación profesional.

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