A 136 años de su muerte, las circunstancias del disparo que acabó con la vida del genial pintor holandés continúan generando interrogantes: ¿se quitó la vida en un campo de trigo o alguien más estuvo detrás de su muerte?
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
La muerte de Vincent van Gogh, ocurrida el 29 de julio de 1890 en Auvers-sur-Oise, Francia, continúa siendo uno de los episodios más discutidos de la historia del arte. Durante más de un siglo se aceptó ampliamente la versión de que el pintor se había disparado a sí mismo en el pecho y que, después de resultar herido, había regresado hasta la posada donde se alojaba. Sin embargo, cuando se observan detenidamente las circunstancias que rodearon aquel episodio, aparecen interrogantes que han llevado a algunos investigadores a plantear una hipótesis diferente: que Van Gogh pudo haber sido víctima de un disparo accidental o incluso de un homicidio. Esta posibilidad no constituye un hecho histórico demostrado, pero sí forma parte del debate sobre sus últimos días.
Uno de los elementos que despierta interrogantes es el lugar donde ocurrió el disparo. Van Gogh salió aquel día con sus materiales de pintura y se dirigió hacia los campos de trigo de los alrededores de Auvers, donde acostumbraba trabajar. Quienes defienden la hipótesis del asesinato consideran llamativo que un hombre que hubiera decidido quitarse la vida se marchara con sus instrumentos de pintura para realizar una actividad que formaba parte de su existencia cotidiana. Además, el hecho de que posteriormente regresara herido hasta la posada constituye otro aspecto que ha alimentado las dudas. Para algunos, este comportamiento resulta difícil de conciliar con una tentativa de suicidio deliberadamente planificada, aunque por sí solo tampoco permite descartar esa posibilidad.
Otro punto de discusión es la naturaleza de la herida. La versión tradicional sostiene que Van Gogh se disparó en el pecho con un revólver y que, después del disparo, caminó de regreso a la posada. Los defensores de la teoría alternativa señalan que la trayectoria de la bala y las circunstancias físicas del disparo han sido objeto de interpretaciones diferentes. De acuerdo con esta lectura, el lugar del impacto y la forma en que se produjo la lesión podrían ser compatibles con un disparo efectuado por otra persona. Sin embargo, esta interpretación debe manejarse con cautela, porque las investigaciones posteriores no han establecido de manera concluyente que Van Gogh fuera asesinado.
También resulta significativo preguntarse qué ocurrió realmente en los campos de trigo durante las horas anteriores al regreso del pintor. Van Gogh estaba en una etapa artística extraordinariamente intensa y continuaba trabajando a pesar de sus problemas personales y emocionales. Precisamente por eso, algunos autores consideran insuficiente explicar todo lo ocurrido únicamente a partir de su estado mental. Una hipótesis histórica no puede construirse solamente sobre la personalidad de una persona. Es necesario examinar testimonios, documentos, lesiones, objetos encontrados y las declaraciones de quienes estuvieron cerca de él. Cuando esos elementos se interpretan desde perspectivas diferentes, surge la posibilidad de que el episodio haya sido más complejo de lo que durante mucho tiempo se creyó.
La figura de Theo van Gogh adquiere una importancia especial en las últimas horas de Vincent. Al enterarse de la gravedad de la situación, Theo viajó inmediatamente para encontrarse con su hermano y permaneció junto a él hasta su muerte. La relación entre ambos fue extraordinariamente cercana; Theo no fue solamente su hermano, sino también una de las personas que más lo apoyaron durante su carrera artística. Las cartas intercambiadas entre ambos constituyen hoy una fuente fundamental para comprender el pensamiento de Vincent. En sus últimos momentos, Van Gogh habría pronunciado palabras que han quedado asociadas para siempre con su tragedia: “La tristeza durará para siempre”. Esa frase ha sido interpretada como una expresión de profunda desesperanza, aunque tampoco puede utilizarse por sí sola como una prueba de suicidio.
La hipótesis del asesinato adquirió mayor fuerza en tiempos modernos con investigaciones que cuestionaron algunos aspectos de la versión tradicional. Entre ellas destaca la teoría de que Van Gogh pudo haber recibido accidentalmente el disparo de unos jóvenes de la localidad y que posteriormente habría protegido a quien lo hirió. Esta interpretación ha sido discutida por historiadores y biógrafos, mientras que otros continúan considerando el suicidio como la explicación más probable. Lo importante, desde una perspectiva histórica, es no convertir una hipótesis en una certeza. Decir que Van Gogh fue asesinado es una afirmación que requiere pruebas; decir que existen circunstancias que han provocado dudas sobre la explicación tradicional es una afirmación mucho más defendible.
Por eso, la muerte de Vincent van Gogh permanece como un misterio histórico en el que todavía conviven hechos comprobados, testimonios de época e interpretaciones posteriores. Sabemos que fue herido por un disparo, que regresó a la posada, que Theo acudió junto a él y que murió el 29 de julio de 1890. Lo que continúa siendo objeto de debate es quién efectuó el disparo y bajo qué circunstancias exactas ocurrió. La imagen del “loco del pelo rojo” que decidió poner fin a su vida forma parte de una visión simplificada que durante décadas dominó la memoria colectiva. Pero Van Gogh fue mucho más que esa caricatura: fue un artista que dejó una obra extraordinaria y cuya muerte, precisamente por las interrogantes que la rodean, sigue invitando a investigar. Quizá la pregunta más prudente no sea afirmar categóricamente que fue asesinado, sino preguntarnos si todas las circunstancias de su muerte han sido realmente explicadas.


