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La isla Hispaniola: una historia compartida, pero dos pueblos y dos naciones diferentes

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

La historia de la isla Hispaniola debe conocerse y respetarse, especialmente cuando se habla de las relaciones entre la República Dominicana y Haití. Entre algunos sectores de la sociedad haitiana existe una interpretación de que la isla es indivisible y que, por esa razón, todo su territorio debería entenderse como parte de una misma nación. Sin embargo, la realidad histórica demuestra que, aunque compartimos una misma isla, somos dos pueblos con procesos de formación, culturas, idiomas, tradiciones y trayectorias políticas diferentes.

Para comprender esta realidad debemos remontarnos a 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a la isla y comenzó el proceso de colonización española. A partir de ese momento se establecieron las primeras instituciones coloniales, se fundaron poblaciones y se desarrolló una sociedad bajo la autoridad de la Corona española. La parte oriental de la isla fue el escenario donde comenzó a formarse la sociedad que, siglos después, daría origen a la nación dominicana.

Con el paso del tiempo, la presencia española se consolidó en el territorio oriental, mientras que en la parte occidental comenzaron a producirse cambios importantes. Las dificultades para controlar el comercio ilegal y el contrabando llevaron a las autoridades españolas a ejecutar las devastaciones de Osorio entre 1605 y 1606, ordenando despoblar varias comunidades del oeste y del norte de la isla. Aquella decisión tuvo consecuencias profundas para la ocupación y evolución territorial de Hispaniola.

Es importante aclarar que la llegada de los franceses no ocurrió inmediatamente después de las Devastaciones de Osorio. Su presencia se fue consolidando durante el siglo XVII, especialmente en la parte occidental de la isla. Finalmente, mediante el Tratado de Ryswick de 1697, España reconoció formalmente el dominio francés sobre ese territorio, que pasó a conocerse como Saint-Domingue. Allí los franceses desarrollaron una economía de plantaciones basada principalmente en la explotación de personas africanas esclavizadas.

De esa colonia francesa surgió Haití, cuya independencia fue proclamada el primero de enero de 1804, después de una revolución encabezada por antiguos esclavizados y dirigentes revolucionarios. Mientras tanto, en la parte oriental continuaba desarrollándose una sociedad de raíces hispánicas, con su propio idioma, religión, costumbres y evolución histórica. Es decir, los procesos de formación de ambas sociedades tuvieron características diferentes, aunque compartieran el mismo espacio geográfico.

También debemos recordar que la independencia dominicana fue proclamada el 27 de febrero de 1844, después de 22 años de ocupación haitiana iniciada en 1822. Desde entonces, los dominicanos hemos defendido nuestra soberanía y nuestro derecho a constituirnos en una nación independiente. Nuestra identidad nacional no nació de una improvisación, sino de un prolongado proceso histórico, cultural y político.

Por eso, quiero recordar a nuestros vecinos haitianos que compartir una isla no significa pertenecer a una misma nación ni tener los mismos derechos de soberanía sobre ambos territorios. La República Dominicana y Haití son dos Estados independientes, reconocidos internacionalmente, con fronteras definidas y con el derecho legítimo de cada pueblo a gobernar su propio territorio. La convivencia entre ambos países debe fundamentarse en el respeto mutuo, la cooperación y el reconocimiento de sus respectivas soberanías.

La historia debe servirnos para comprender nuestro origen, no para alimentar sentimientos de enemistad entre pueblos vecinos. Los dominicanos reconocemos el derecho del pueblo haitiano a su independencia, a su identidad y a su territorio, y esperamos que ese mismo respeto exista hacia la República Dominicana. La solidaridad y las buenas relaciones no significan renunciar a nuestra historia ni desconocer nuestra condición de nación soberana.

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