Por Juan José Encarnación Soto,
SANTO DOMINGO.-
Por la experiencia acumulada en mi trayectoria política dentro de las organizaciones a las que he pertenecido, entre ellas el PRD y el PRM, siempre he procurado que, en los programas y espacios de opinión donde participo, los precandidatos tengan presente que la unidad debe mantenerse después de concluido cualquier proceso electoral interno.
He insistido en que las competencias internas no deben convertirse en enfrentamientos permanentes, porque una organización política solamente puede fortalecerse cuando sus miembros son capaces de aceptar los resultados y trabajar juntos por los objetivos comunes.
Parece que los miembros del PRM han escuchado este llamado, pues durante las recientes elecciones para escoger sus nuevas autoridades han dado una verdadera cátedra de civismo político, desarrollando el proceso sin grandes tropiezos y demostrando madurez en la competencia interna.
Ese comportamiento merece ser reconocido, porque en los partidos políticos las diferencias son normales, pero lo verdaderamente importante es saber conducirlas con respeto, evitando que las aspiraciones personales estén por encima de la unidad y la institucionalidad de la organización.
Sin embargo, han surgido algunas voces que, en lugar de contribuir a la tranquilidad del partido, parecen asumir el papel que corresponde a la oposición. Entre ellas se encuentran Peña Guaba y Geanilda Vásquez, quienes han mantenido posiciones críticas que, a mi juicio, no contribuyen al clima de unidad que necesita el PRM después de su proceso interno.
Considero que, una vez concluidas las elecciones internas y escogidas las nuevas autoridades, todos los dirigentes y militantes deben procurar que las heridas propias de la competencia sean cerradas. El partido necesita concentrarse en sus responsabilidades y en los desafíos políticos que tiene por delante, en lugar de prolongar las diferencias surgidas durante el proceso.
Peña Guaba y Geanilda Vásquez deberían, por tanto, permitir que la organización avance y evitar convertirse en protagonistas de cuestionamientos que puedan alimentar divisiones internas. La unidad, el respeto a las decisiones de la mayoría y la madurez política deben estar por encima de cualquier aspiración individual.


