Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
La representación de los aspirantes a la Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) comienza a generar diferentes percepciones dentro y fuera de la organización. En las encuestas, David Collado aparece como uno de los principales punteros, con una imagen construida a partir de su experiencia en la gestión pública y su posicionamiento nacional. Sin embargo, el escenario político no se limita exclusivamente a los números de las encuestas, porque también entra en juego la capacidad de cada aspirante para conectar con la estructura partidaria.
En ese sentido, Carolina Mejía viene desarrollando un proceso de acercamiento y agrupamiento de importantes dirigentes del PRM, lo que podría convertirse en un elemento determinante de cara a una eventual primaria. La política interna de un partido tiene sus propias dinámicas: mientras las encuestas miden popularidad y preferencias en determinados momentos, la organización territorial, los dirigentes, las bases y la capacidad de movilización pueden desempeñar un papel fundamental cuando llega la hora de votar.
Una de las críticas que se escuchan alrededor de David Collado es precisamente que no tendría el mismo nivel de conexión con la base del PRM que otros dirigentes. Sus adversarios internos pueden argumentar que su trayectoria política y pública lo ha mantenido, en determinados momentos, más cercano a sectores independientes que a la estructura tradicional del partido. Esta percepción, de ser cierta y mantenerse, podría representar un desafío cuando tenga que buscar el respaldo de los militantes perremeístas.
Carolina Mejía, por el contrario, tiene una ventaja política particular: su relación con la estructura partidaria y con amplios sectores de la militancia del PRM. Su trayectoria dentro de la organización, su participación en diferentes procesos políticos y su presencia en el Distrito Nacional le han permitido establecer vínculos con dirigentes de distintas corrientes. Esto explica, en parte, por qué su proyecto puede encontrar terreno fértil entre quienes consideran que la próxima candidatura presidencial debe surgir de las propias entrañas del partido.
Pero hay otro elemento que no debe subestimarse: la simpatía popular. Carolina es percibida por muchos sectores como una figura cercana, espontánea y capaz de conectar con la gente común. En política, caer bien puede ser tan importante como tener una estructura organizada, porque una candidatura necesita transmitir confianza, empatía y la sensación de que existe una persona capaz de representar las aspiraciones de diferentes sectores sociales.
David Collado, mientras tanto, tiene como fortaleza su posicionamiento fuera de los límites estrictamente partidarios. Su imagen pública le permite llegar a personas que no necesariamente se identifican con el PRM, algo que puede resultar muy valioso en unas elecciones generales. El gran desafío estaría en convertir esa aceptación externa en una relación suficientemente sólida con la militancia interna, evitando que una parte de las bases pueda sentirse distante de su proyecto.
La verdadera competencia, por tanto, no debería reducirse a determinar quién aparece primero en una encuesta. Una primaria se gana combinando popularidad, estructura, liderazgo, capacidad de convocatoria y conexión con las bases. David puede tener una posición privilegiada en las mediciones de opinión, mientras Carolina puede estar fortaleciendo silenciosamente una estructura política alrededor de su candidatura. Son dos caminos diferentes para alcanzar un mismo objetivo.
Al final, el PRM tendrá que decidir qué tipo de liderazgo quiere llevar a las elecciones de 2028: un candidato con amplio posicionamiento nacional y capacidad de atraer sectores independientes, o una figura con fuerte conexión partidaria y capacidad para unir a buena parte de su estructura alrededor de un proyecto común. Todavía falta mucho camino por recorrer, y la política dominicana suele demostrar que entre una encuesta y una primaria pueden ocurrir muchas cosas. Lo importante será observar quién logra transformar simpatía en organización, organización en votos y votos en una candidatura capaz de representar al PRM y, posteriormente, al conjunto de la sociedad dominicana.


