Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
El Parque Nacional Los Tres Ojos constituye uno de los paisajes geológicos más singulares de Santo Domingo Este, un espacio donde la naturaleza ha escrito durante miles de años una historia sobre la piedra caliza, el agua y el tiempo. Su origen está relacionado con la formación de grandes cavidades subterráneas en terrenos calcáreos, donde el agua fue penetrando lentamente por las grietas de la roca, disolviendo sus componentes y creando un complejo sistema de galerías y cámaras naturales. Lo que hoy contemplamos como lagos, paredes rocosas y cavernas es, en realidad, el resultado visible de un largo proceso geológico.
La piedra caliza que caracteriza este territorio se formó a partir de materiales sedimentarios acumulados durante antiguos períodos geológicos. Con el paso del tiempo, la acción del agua sobre esta roca soluble produjo un paisaje de tipo kárstico, caracterizado por cavernas, depresiones, conductos subterráneos y cuerpos de agua. En Los Tres Ojos, ese proceso alcanzó una expresión extraordinaria cuando determinadas partes del techo de las cavernas colapsaron, dejando al descubierto las aguas que se encontraban en las profundidades.

Aunque el sitio fue identificado y documentado durante la primera intervención militar estadounidense en la República Dominicana, iniciada en 1916, su historia humana es mucho más antigua. Mucho antes de que soldados, exploradores o investigadores llegaran al lugar, las comunidades taínas ya conocían estas cavernas y aprovechaban sus aguas. Para aquellos habitantes originarios, las cuevas no eran simplemente accidentes del terreno: formaban parte de un paisaje cargado de significado espiritual, donde el mundo subterráneo y el agua podían tener una profunda importancia dentro de sus creencias.
La presencia de los taínos convierte a Los Tres Ojos no solamente en un patrimonio geológico, sino también arqueológico y cultural. Las cavernas constituían refugios naturales y espacios vinculados con actividades cotidianas y ceremoniales. El llamado Lago de las Damas, por ejemplo, ha sido asociado con el uso que hacían mujeres y niños de este cuerpo de agua. De esta manera, las formaciones geológicas adquirieron también una dimensión humana: la naturaleza fue transformada en espacio de convivencia, protección, abastecimiento y posiblemente ritual.

El nombre popular del parque nació de la impresión que producen sus principales cuerpos de agua subterráneos, semejantes a grandes ojos abiertos en medio de la roca. Sin embargo, desde el punto de vista descriptivo, el complejo está integrado por cuatro cuerpos de agua conocidos tradicionalmente como Lago de Azufre, Lago de las Damas, La Nevera y Los Zaramagullones. Cada uno presenta características particulares de profundidad, iluminación, temperatura, vegetación y relación con la estructura de la caverna.
El Lago de Azufre recibió su nombre por los depósitos minerales blanquecinos observados en su fondo, que durante mucho tiempo fueron relacionados popularmente con el azufre. La Nevera, en cambio, debe buena parte de su carácter al ambiente oscuro y fresco que conserva debido a la escasa penetración de la luz solar. El Lago de las Damas destaca por ser más pequeño y menos profundo, mientras que Los Zaramagullones constituye una excepción dentro del conjunto, pues se encuentra al aire libre y está rodeado por una vegetación exuberante.
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Desde una perspectiva geológica, lo más impresionante de Los Tres Ojos no es solamente la belleza de sus lagos, sino el proceso que explica su existencia. Allí puede observarse cómo el agua ha actuado como agente transformador de la roca durante períodos extremadamente prolongados. Cada pared calcárea, cada grieta, cada cavidad y cada superficie erosionada representan una pequeña página de una historia natural mucho más antigua que la presencia humana. El paisaje que hoy parece inmóvil es, en realidad, el resultado de una naturaleza que ha trabajado lentamente durante miles y miles de años.
Los Tres Ojos debe ser entendido, por tanto, como un verdadero archivo natural de Santo Domingo Este. En sus profundidades se encuentran reunidas varias dimensiones de nuestra historia: la historia geológica de la formación del territorio, la historia arqueológica de los pueblos originarios y la historia moderna de su descubrimiento y posterior valoración como patrimonio. Las aguas subterráneas reflejan el cielo cuando reciben la luz, pero también reflejan una historia que permanece debajo de nuestros pies. Por eso, caminar por Los Tres Ojos no significa simplemente visitar un parque: significa entrar en contacto con una parte profunda de la memoria geológica, natural y cultural de la República Dominicana.


