InicioOpiniónLas apariencias engañan: ¡Bienvenido, mi general!

Las apariencias engañan: ¡Bienvenido, mi general!

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

Con las apariencias, muchas veces la gente se confunde. Hay situaciones de la vida cotidiana que nos enseñan cómo la imagen que proyectamos puede provocar interpretaciones inesperadas, incluso antes de que tengamos oportunidad de pronunciar una sola palabra. Juan José y yo acostumbramos a salir la mayoría de los fines de semana para visitar clubes, compartir con amigos y disfrutar de esos momentos de recreación que tanto necesitamos después de una semana agitada y cansona. Como dice popularmente la gente, vamos a darnos un cante y a botar el golpe.

En una de esas salidas, llegamos a un Club de Oficiales, un establecimiento donde habitualmente se reúnen miembros de las instituciones militares. Nos acercábamos tranquilamente a la entrada cuando Juan José, que conducía su Mercedes-Benz de color negro, bajó el cristal de la ventanilla para saludar respetuosamente a los oficiales que se encontraban en la puerta. Su intención era sencillamente mostrar cortesía y educación, como corresponde a cualquier ciudadano que reconoce la autoridad y respeta a quienes visten un uniforme.

Sin embargo, ocurrió algo que ninguno de nosotros esperaba. Antes de que Juan José pudiera completar el saludo, los oficiales se pusieron inmediatamente en posición de atención. La escena cambió en cuestión de segundos: aquellos hombres, que hasta ese momento permanecían en sus posiciones habituales, adoptaron una postura de respeto y disciplina militar, como si estuvieran frente a un superior de alto rango.

Fue entonces cuando uno de ellos, con toda la solemnidad del protocolo militar, pronunció unas palabras que nos dejaron sorprendidos: «¡Bienvenido, mi jefe!». Aquella expresión convirtió un simple saludo de cortesía en una escena digna de una anécdota. Juan José apenas había bajado el cristal de su Mercedes-Benz para saludar, pero los oficiales ya le habían otorgado, por la impresión que les produjo su presencia, un rango que no necesariamente correspondía a su condición.

La verdad es que no pudimos evitar sorprendernos ante aquella reacción. El vehículo, la manera de llegar, la presencia personal y otros elementos que acompañaban la escena pudieron haber contribuido a aquella interpretación. En ocasiones, las personas construyen una imagen de alguien sin conocerlo realmente, y terminan atribuyéndole posiciones, responsabilidades o jerarquías que solamente existen en su imaginación.

Esta experiencia nos dejó una reflexión interesante: las apariencias pueden impresionar, confundir y hasta provocar que alguien reciba un tratamiento especial sin haberlo solicitado. No obstante, el verdadero valor de una persona no está en el vehículo que conduce, la ropa que viste, el cargo que aparenta tener o los saludos que recibe, sino en su comportamiento, su educación y la calidad humana que demuestra en sus relaciones con los demás.

Y para que no haya confusiones, debemos aclarar que la fotografía que acompaña este artículo fue recreada mediante inteligencia artificial con el propósito de ilustrar la anécdota. Sin embargo, lo ocurrido es completamente cierto. Aquel día, Juan José llegó a un Club de Oficiales conduciendo su Mercedes-Benz negro, bajó el cristal para saludar y, antes de que pudiera hacerlo, recibió una bienvenida que difícilmente olvidaremos: «¡Bienvenido, mi general!». ¡Así son las cosas de la vida: a veces uno sale simplemente a compartir un rato agradable y termina siendo recibido como si llevara estrellas en los hombros!

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