La llegada de negros procedentes de distintas regiones de África y su asentamiento en la margen oriental del río Ozama marcaron una etapa fundamental en la formación histórica y cultural del territorio que hoy conocemos como Santo Domingo Este.
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE.-
La historia de Santo Domingo Este tiene raíces mucho más profundas de lo que a primera vista pudiera parecer. Antes de que existieran las avenidas, los barrios, las urbanizaciones y las grandes vías que hoy conocemos, este territorio formaba parte de un extenso paisaje rural situado en la margen oriental del río Ozama. En ese escenario, durante el período colonial, fueron estableciéndose grupos de población africana vinculados al fenómeno de los cimarrones, es decir, hombres y mujeres esclavizados que escapaban del régimen de servidumbre y buscaban espacios donde reconstruir su vida lejos del control de las autoridades coloniales. Hacia 1676, según la tradición histórica relacionada con estos asentamientos, llegaron a la parte oriental de la isla grupos de negros procedentes de la zona occidental de La Española, donde la presencia de población esclavizada africana era considerable.
Aquellos hombres y mujeres no constituían un grupo homogéneo. Procedían de diferentes regiones de África y conservaban, pese a las circunstancias de esclavitud y desplazamiento forzoso, elementos culturales propios de sus lugares de origen. En el proceso de formación de las comunidades afrodescendientes de la colonia española confluyeron diversas procedencias africanas, lenguas, costumbres, formas de organización familiar, conocimientos agrícolas, prácticas religiosas y tradiciones comunitarias. Por eso, hablar de los primeros pobladores africanos de esta zona significa también hablar de una parte fundamental de la historia social y cultural que posteriormente contribuiría a formar la identidad de Santo Domingo Este.
Dentro de esa memoria histórica aparece la referencia a los llamados negros de Mina, denominación colonial utilizada para identificar a personas procedentes de regiones de África occidental vinculadas históricamente con la llamada Costa de Mina. De acuerdo con la tradición sobre la distribución territorial de estos grupos, los negros de Mina habrían ocupado espacios situados desde las proximidades del río Ozama hasta el área que actualmente corresponde a la carretera Mella. Es importante comprender que las referencias geográficas actuales sirven únicamente como puntos de orientación, pues en el siglo XVII no existían esas avenidas ni las divisiones administrativas modernas. El paisaje estaba compuesto principalmente por terrenos rurales, bosques, caminos, ríos, sabanas y propiedades agrícolas.
Más hacia el este, después de los espacios asociados a los negros de Mina, se encontraban las tierras vinculadas al español Mendoza, cuya propiedad o referencia territorial quedó incorporada a la memoria histórica de la zona. Según esta reconstrucción tradicional, el territorio de Mendoza se extendía aproximadamente desde el área que hoy identificamos con la carretera Mella hasta las proximidades de lo que actualmente conocemos como la avenida Charles de Gaulle. Esta antigua configuración territorial permite comprender que Santo Domingo Este no surgió de manera repentina con el crecimiento urbano del siglo XX, sino que fue desarrollándose sobre una geografía que durante siglos estuvo marcada por propiedades rurales, asentamientos humanos y comunidades de diversos orígenes.
Al continuar hacia el oriente, la tradición histórica sitúa a los llamados negros Mandinga en los terrenos que se extendían desde el entorno de la actual avenida Charles de Gaulle hasta las proximidades de San Isidro. El término Mandinga también pertenece a las categorías utilizadas durante la época colonial para identificar determinados grupos africanos, especialmente aquellos relacionados con pueblos y regiones de África occidental. Con el paso del tiempo, estas denominaciones adquirieron significados sociales y culturales dentro de la sociedad colonial, y su presencia quedó vinculada a la formación de comunidades afrodescendientes que participaron activamente en la transformación del territorio.
La importancia de estos asentamientos no debe medirse solamente por la cantidad de personas que los integraban, sino por la huella histórica que dejaron en el territorio. Los cimarrones no fueron simples habitantes marginales de la colonia; fueron hombres y mujeres que, en medio de un sistema profundamente desigual, buscaron espacios de autonomía y construyeron formas de convivencia. Cultivaron la tierra, organizaron sus comunidades, formaron familias y transmitieron conocimientos que sobrevivieron a las generaciones. En ese sentido, estudiar su presencia en la margen oriental del Ozama permite observar una dimensión poco conocida de la historia de Santo Domingo: la construcción de comunidades afrodescendientes mucho antes de que este territorio se convirtiera en la gran ciudad que conocemos actualmente.
También resulta necesario entender que las fronteras de aquellas comunidades no pueden trasladarse mecánicamente al mapa moderno. La carretera Mella, la avenida Charles de Gaulle y San Isidro son referencias contemporáneas que nos ayudan a imaginar aproximadamente aquellos espacios, pero no representan las fronteras exactas de las comunidades del siglo XVII. La geografía colonial era distinta y las tierras podían cambiar de propietarios, extensión y denominación con el paso de los años. Por ello, una investigación histórica rigurosa debe contrastar la tradición oral y local con documentos coloniales, registros de propiedades, censos, expedientes sobre cimarronaje y otras fuentes disponibles para determinar con mayor precisión cómo se produjo ese poblamiento.
La historia de estos cimarrones constituye, finalmente, una de las páginas que deben ser incorporadas con mayor profundidad a la memoria histórica de Santo Domingo Este. Cuando hoy recorremos el espacio comprendido entre el río Ozama, la carretera Mella, la avenida Charles de Gaulle y San Isidro, caminamos sobre un territorio que conoció formas de vida completamente diferentes a las actuales. Allí existieron comunidades, propiedades y asentamientos vinculados a personas de origen africano que formaron parte del complejo proceso de construcción de la sociedad dominicana. Recuperar esa memoria no significa solamente recordar el pasado: significa reconocer que la historia de Santo Domingo Este comenzó mucho antes de su urbanización moderna y que, en sus raíces, también están las vidas, luchas, culturas y descendencias de aquellos africanos que llegaron a esta tierra buscando libertad y un lugar donde vivir.


