Por redacción SDE digital.-
El valor de una obra artística no se mide únicamente por sus materiales o dimensiones: detrás de cada creación existen historia, concepto, técnica, talento y patrimonio cultural. La Cruz de Mendoza es un ejemplo de cómo el arte puede convertirse en memoria viva de la evangelización y la esclavitud en el Nuevo Mundo.
La ignorancia sobre el verdadero valor de una obra de arte puede conducir a conclusiones apresuradas, especialmente cuando algunos comunicadores pretenden cuestionar el costo de una pieza sin conocer los criterios que intervienen en su creación, producción, instalación, conservación y significado histórico. El arte no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del precio de los materiales utilizados. Una obra pública, además de ser una construcción física, puede convertirse en un elemento de identidad, memoria colectiva y patrimonio cultural.
Eso ocurre con la obra recientemente inaugurada en la denominada Cruz de Mendoza, concebida como un símbolo que representa dos capítulos fundamentales de la historia del Nuevo Mundo: la evangelización y la esclavitud. La cruz evoca la dimensión religiosa que acompañó la llegada europea, mientras que las manos encadenadas representan la tragedia de quienes fueron sometidos a la esclavitud. Por tanto, estamos ante una propuesta artística que intenta comunicar una historia compleja mediante símbolos que pueden ser comprendidos por generaciones presentes y futuras.
Resulta sorprendente que algunas personas intenten determinar si una obra de arte es costosa simplemente observando sus dimensiones o los materiales empleados. Quien conoce el mundo del arte sabe que el precio de una creación también está relacionado con el concepto, el diseño, la técnica, la trayectoria de quienes intervienen, la complejidad de su ejecución, la ingeniería necesaria para instalarla y, sobre todo, con el valor cultural que puede adquirir con el paso del tiempo.
Para comprender lo absurdo que puede resultar juzgar el arte únicamente por su costo, basta mirar hacia la historia del mercado internacional. Una de las obras más famosas de Paul Cézanne, Los jugadores de cartas, alcanzó una cifra superior a los 250 millones de dólares en una transacción privada. Una persona que desconozca el funcionamiento del mercado artístico podría preguntarse cómo una pintura puede alcanzar semejante valor. Sin embargo, para los especialistas, allí no se está pagando solamente por un lienzo, unos pigmentos y unas horas de trabajo: se está adquiriendo una pieza fundamental de la historia del arte universal.
Lo mismo sucede con las grandes esculturas y monumentos que encontramos en diferentes ciudades del mundo. Muchas de ellas fueron cuestionadas inicialmente por su costo, su estilo o su significado, pero terminaron convirtiéndose en referencias culturales y turísticas. El valor de una obra pública no necesariamente se agota el día de su inauguración; puede crecer con el tiempo a medida que la sociedad la incorpora a su memoria y la convierte en parte de su paisaje histórico.
Por eso, antes de calificar de excesivo el costo de una obra artística, sería prudente conocer el presupuesto detallado, los procesos de contratación, los honorarios profesionales, los materiales utilizados, la mano de obra especializada y las características técnicas que hicieron posible su realización. Una crítica responsable debe partir de información verificable y no de una simple impresión personal. Cuestionar es legítimo; hacerlo sin conocer la materia es otra cosa.
La Cruz de Mendoza merece ser observada, además, desde una perspectiva que trascienda el precio. Si la obra consigue provocar conversación sobre nuestra historia, recordar la evangelización y mantener presente la tragedia de la esclavitud, entonces habrá cumplido una función que va mucho más allá de su estructura física. El arte tiene precisamente esa capacidad: convertir espacios en lugares de memoria. Y quienes comunican desde los medios tienen la responsabilidad de acercarse a las obras con conocimiento, porque en el mundo del arte muchas veces lo que parece caro desde la ignorancia puede resultar invaluable desde la cultura, la historia y el patrimonio.


