Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Durante mi participación en el II Foro de Capacitación para Autoridades Municipales, Concejo de Regidores del Ayuntamiento Santo Domingo Este, celebrado en Punta Cana, tuve la oportunidad de vivir una experiencia que trascendió las actividades propias del evento. Entre conferencias, intercambios de ideas y conversaciones sobre la municipalidad, también hubo espacio para compartir, relajarnos y disfrutar de momentos que seguramente quedarán como un grato recuerdo.

Una de esas experiencias ocurrió durante una noche de karaoke, donde, casi de manera casual, terminé compartiendo con dos jóvenes de aproximadamente 25 años. Como buen conversador y comunicador, acostumbrado a relacionarme con personas de diferentes generaciones y sectores, rápidamente iniciamos una conversación que fue tomando confianza hasta convertirnos, en poco tiempo, en buenos amigos.
La amistad llegó incluso al compromiso de escribir este artículo. Ellas, al conocer que soy periodista y comunicador, algo que también les comentó mi amigo Rubén, me hicieron prometerles que contaría por escrito aquella experiencia tan particular. Y como lo prometido es deuda, este artículo es precisamente la forma de cumplir aquella promesa, dejando constancia de una noche en la que la música, el baile, el buen humor y una conversación espontánea hicieron posible una amistad entre personas de generaciones diferentes.
A la conversación se sumó otra de mis pasiones: el baile. Al ritmo de la música tropical, decidí demostrar que los años no necesariamente son un impedimento para disfrutar de una buena pista de baile. Merengue, salsa y otros ritmos caribeños nos permitieron compartir de una manera espontánea, dejando a un lado por unas horas las formalidades del foro y las responsabilidades cotidianas.

La diferencia de edad, que al principio podía parecer un elemento que nos separaba, terminó convirtiéndose precisamente en una de las partes más divertidas de aquella noche. Ellas tenían alrededor de 25 años, mientras yo les llevaba varios años de experiencia y de historias. Sin embargo, descubrimos que cuando existen simpatía, respeto y deseos de pasarla bien, las edades dejan de ser una barrera para convertirse simplemente en un dato.
Entre bromas y canciones, llegó el momento en que comenzaron a cantarme aquella conocida canción “40 y 20”, como una manera jocosa de referirse a la diferencia generacional. Yo, entre risas, le comentaba a una de mis amigas que la realidad era un poco diferente: “Son 50 y 20”, decía, aunque también admito que preferí ocultarles unos quince años de mi verdadera edad para mantener el misterio y, sobre todo, para alimentar la diversión de aquella noche.
Lo cierto es que más allá de las bromas, las canciones y el baile, lo que realmente quedó fue una amistad nacida de manera inesperada. En ocasiones, los mejores momentos no se planifican; simplemente aparecen cuando uno está dispuesto a conversar, conocer personas nuevas y compartir sin prejuicios. Aquella noche de karaoke fue precisamente uno de esos momentos que surgen espontáneamente y terminan convirtiéndose en recuerdos especiales.
El II Foro Municipal no solamente me permitió participar en un espacio de capacitación e intercambio sobre los asuntos municipales del Ayuntamiento Santo Domingo Este, sino que también me brindó la oportunidad de conocer personas y estrechar vínculos fuera del ambiente formal. Hoy domingo, ya cada quien se encuentra nuevamente en su hogar, retomando sus actividades y responsabilidades habituales, pero queda el recuerdo de aquellos momentos de felicidad compartidos en Punta Cana: las conversaciones, las canciones, las risas, el baile y, por supuesto, aquel inolvidable “40 y 20” que terminó convirtiéndose en el símbolo de una amistad inesperada.


