Una obra arquitectónica entre la cruz y las cadenas
Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Fue inaugurada ayer, en Santo Domingo Este, una obra arquitectónica concebida como un símbolo de la memoria histórica de la antigua ciudad de Santo Domingo y de los profundos procesos sociales, culturales y religiosos que marcaron los primeros siglos de la historia de la isla. La estructura reúne, en un mismo lenguaje artístico, dos elementos de enorme significado: la cruz, como representación de la evangelización y la fe cristiana, y unas manos sujetas por grilletes y cadenas, como evocación de la esclavitud que formó parte de aquel período histórico.
La obra invita a mirar el pasado con una perspectiva que trasciende la simple contemplación de un monumento. La cruz recuerda la llegada y expansión del cristianismo en los territorios americanos, mientras las cadenas representan la realidad de miles de seres humanos sometidos a un sistema de esclavitud que dejó profundas huellas demográficas, económicas, culturales y humanas. Ambos símbolos, colocados juntos, plantean una lectura histórica sobre las contradicciones de una época en la que evangelización, colonización y esclavitud coexistieron.

Santo Domingo Este ocupa un espacio particularmente importante dentro de esa memoria. Su territorio forma parte de la margen oriental del río Ozama y de un escenario histórico estrechamente relacionado con los primeros asentamientos europeos permanentes establecidos en América. Desde esta zona se puede comprender parte de la transformación que experimentó el territorio durante el período colonial, cuando comenzaron a desarrollarse nuevas estructuras políticas, económicas, religiosas y sociales que cambiarían para siempre la historia de la isla.
La presencia de las manos encadenadas constituye, por tanto, un elemento de fuerte contenido histórico. El grillete no representa únicamente un objeto utilizado para sujetar físicamente a una persona; se convierte en la obra en una imagen de la pérdida de libertad y de la condición impuesta a los esclavizados. Las manos, además, poseen un profundo valor simbólico: son las manos de quienes trabajaron, construyeron, cultivaron y sostuvieron buena parte de aquella sociedad, pero que durante largos períodos fueron privados de derechos fundamentales y de su libertad.
Frente a esa representación aparece la cruz, cuya presencia permite recordar el papel que desempeñó la religión durante la formación de la sociedad colonial. La evangelización fue uno de los componentes centrales del proyecto europeo en América y estuvo vinculada a la creación de iglesias, conventos y otras instituciones religiosas. La cruz, de esta manera, no debe observarse únicamente como un elemento decorativo, sino como parte de un proceso histórico que transformó las creencias, las costumbres y las expresiones culturales de los pueblos que habitaban estos territorios.

El valor de una obra como esta también reside en su capacidad para provocar reflexión entre las nuevas generaciones. Los monumentos históricos no hablan solamente del pasado; también permiten a las sociedades contemporáneas preguntarse cómo llegaron a ser lo que son. Una cruz y unas manos encadenadas pueden convertirse en una lección abierta sobre fe, poder, libertad, sufrimiento, resistencia y transformación social.
En el acto inaugural estuvieron presentes autoridades del Ayuntamiento de Santo Domingo Este, encabezadas por el alcalde Dío Astacio, así como una comisión de regidores del municipio encabezada por el presidente del Concejo de Regidores, Antonio Féliz. La presencia de las autoridades municipales otorgó al acontecimiento un carácter institucional, al tratarse de una iniciativa vinculada con la preservación y representación de elementos relacionados con la memoria histórica del territorio.
Más allá de su dimensión arquitectónica, esta obra queda incorporada desde su inauguración al paisaje urbano y a la memoria colectiva de Santo Domingo Este. La cruz y las manos encadenadas forman un diálogo silencioso entre dos dimensiones de la historia: la expansión de la fe y la dolorosa experiencia de la esclavitud. Precisamente por eso, el monumento puede ser entendido como una invitación a conocer el pasado sin ocultar sus luces ni sus sombras, porque solamente una sociedad que conserva su memoria histórica está en mejores condiciones de comprender su presente y transmitir su legado a las generaciones futuras.


