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Roque Gómez: el maestro que despertó mi pasión por la pintura en Los Mina

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

Desde nuestra adolescencia, Roque Gómez era uno de los principales referentes del arte en el barrio de Los Mina. En aquellos años, el sector todavía se encontraba en pleno proceso de crecimiento y la mayoría de los vecinos procedíamos de diferentes campos y pueblos del interior del país, llevando con nosotros nuestras costumbres, experiencias y sueños. Dentro de aquella diversidad de jóvenes que comenzábamos a descubrir la vida en Santo Domingo, Roque se destacaba por su inclinación hacia las artes y por los conocimientos que iba adquiriendo en el mundo de la pintura.

Para muchos de nosotros, Roque Gómez representaba una figura especial, porque tenía la posibilidad de asistir a la Escuela de Bellas Artes, algo que no estaba al alcance de todos los jóvenes del barrio. Su formación le permitía conocer técnicas, conceptos y formas de expresión artística que para nosotros resultaban novedosas. De alguna manera, se convirtió en un puente entre nuestras inquietudes y el conocimiento que él iba adquiriendo. En una época en la que no existían las facilidades de información y aprendizaje de nuestros días, tener cerca a un joven que estudiaba formalmente arte constituía una verdadera oportunidad para quienes sentíamos interés por la pintura.

Jugadores de dominó obra de Roberto Veras, óleo 30 x 24 técnica mixta
Jugadores de dominó obra de Roberto Veras, óleo 30 x 24 técnica mixta

En mi caso particular, ya había tenido un primer acercamiento a la pintura en La Vega, mi pueblo natal, donde cursé el primer año de pintura. Aquella experiencia había despertado en mí una inquietud que no desapareció cuando llegué a Santo Domingo. Por el contrario, al establecerme en Los Mina encontré nuevas motivaciones para continuar acercándome al arte. Sin embargo, necesitábamos orientación para seguir avanzando, y fue precisamente ahí donde los conocimientos de Roque comenzaron a tener una importancia especial para quienes compartíamos aquella pasión.

Recuerdo que Roque compartía con algunos de los jóvenes del barrio parte de lo que aprendía en la Escuela de Bellas Artes. Nos daba pautas que, aunque quizás para él parecían sencillas, para nosotros tenían un gran significado. Sus orientaciones sobre el dibujo, la composición, el manejo de los materiales y la manera de observar una imagen nos ayudaban a comprender mejor lo que estábamos intentando hacer. Roque no solamente estudiaba arte, sino que también compartía sus conocimientos con quienes nos acercábamos a él, convirtiéndose de manera natural en una especie de guía para aquellos jóvenes que soñábamos con desarrollar nuestras capacidades artísticas.

Aquella etapa de Los Mina forma parte de una época que recuerdo con especial cariño, porque el barrio no solamente estaba creciendo físicamente, sino que también se estaba formando una generación de jóvenes con deseos de superación. Éramos muchachos procedentes de distintos lugares del país, con historias familiares diferentes, pero unidos por el deseo de construir un futuro en Santo Domingo. En medio de ese proceso, el arte también encontraba su espacio, y Roque Gómez desempeñaba un papel importante al compartir sus conocimientos con quienes buscábamos aprender y descubrir nuevas posibilidades a través de la pintura.

Con el paso de los años, aquellas experiencias juveniles adquieren un valor todavía mayor. Lo que comenzó como una inquietud de adolescente terminó convirtiéndose en una pasión que, a pesar del tiempo, nunca desapareció. Hoy, 55 años después de aquellos primeros pasos, continúo pintando. No soy un pintor profesional ni pretendo presentarme como tal, pero he mantenido vivo aquel interés que nació en mi juventud y que fue alimentado, en buena medida, por las orientaciones que recibí de Roque Gómez. La pintura siguió formando parte de mi vida como una manera de expresar sentimientos, recuerdos, ideas y también de mantener vivo el vínculo con aquella época.

Con los años he realizado obras que, aunque nacen desde la perspectiva de un aficionado apasionado por el arte, considero que pueden ser colocadas en cualquier sala para adornarla y aportar un elemento de expresión y belleza. No se trata de competir con artistas consagrados, sino de demostrar que una pasión cultivada durante más de medio siglo puede convertirse en obras capaces de transmitir algo a quienes las contemplan. Cada cuadro representa, de alguna manera, una parte de ese largo camino que comenzó en La Vega, continuó en Los Mina y ha permanecido presente durante 55 años.

Cuando miro hacia atrás y recuerdo aquellos días, comprendo aún más la importancia que tuvo Roque Gómez en nuestras vidas. Su paso por la Escuela de Bellas Artes no solo contribuyó a su propia formación, sino que también permitió que otros jóvenes del barrio tuviéramos contacto con conocimientos que de otra manera quizás no habríamos recibido. Hoy, después de más de cinco décadas, puedo decir que aquella semilla que comenzó a germinar en nuestra adolescencia continúa dando frutos. Y aunque nunca hice de la pintura una profesión, sigo tomando el pincel con la misma ilusión de aquellos años, convencido de que el arte no tiene edad y de que una pasión verdadera puede acompañarnos durante toda la vida.

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