Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Hace muchos años compartí aulas en la educación primaria, en el colegio Profesora Miledy, con quien hoy es el general Damián Arias Matos, mejor conocido como Koty. Por esa razón, siempre he seguido con atención sus opiniones y planteamientos sobre diversos temas de interés nacional, valorando su trayectoria y la experiencia acumulada durante años de servicio a la patria.
En una ocasión, el general realizó declaraciones públicas en las que afirmaba que las Fuerzas Armadas dominicanas no estaban preparadas para enfrentar un eventual conflicto bélico con el ejército haitiano. En aquel momento preferí guardar silencio y dejar pasar sus palabras, considerando que quizás se trataba de un desliz o de una apreciación personal expresada fuera del contexto adecuado.
Sin embargo, el paso del tiempo demuestra que las figuras públicas deben ser cuidadosas con cada una de sus afirmaciones, especialmente cuando han ocupado posiciones de mando y autoridad. Sus opiniones suelen tener un impacto considerable en la percepción ciudadana y pueden influir en la confianza que la población deposita en las instituciones nacionales.
Recientemente observé una entrevista televisiva en la que el general sostuvo que, si Alofoke participara en unas elecciones presidenciales, obtendría un 70 por ciento de los votos. Esta afirmación merece una reflexión más profunda, pues no puede analizarse únicamente desde la popularidad mediática o el alcance de las plataformas digitales.
La política es una ciencia compleja, sustentada en estructuras organizativas, liderazgo territorial, propuestas programáticas y capacidad de construir consensos sociales. Ser una figura conocida en la televisión o en las redes sociales no constituye, por sí solo, una garantía de éxito electoral ni mucho menos una condición suficiente para dirigir los destinos de una nación.
La historia política dominicana y mundial demuestra que gobernar requiere preparación, experiencia administrativa, visión estratégica y un profundo conocimiento de las necesidades del pueblo. La popularidad puede abrir puertas, pero la conducción de un Estado exige competencias mucho más amplias y responsabilidades que trascienden el espectáculo y la comunicación masiva.
Por ello, resulta lamentable que una persona tan instruida y leída como el general Damián Arias Matos vuelva a emitir públicamente opiniones que, a juicio de muchos ciudadanos, no se corresponden con la realidad política ni con los procesos que determinan el comportamiento electoral de una sociedad democrática.
El debate de las ideas siempre será saludable y necesario. No obstante, quienes han servido a la nación desde posiciones de alta responsabilidad deben ejercer una mayor prudencia en sus pronunciamientos públicos, procurando que sus análisis contribuyan a la reflexión colectiva y estén fundamentados en hechos objetivos y en el conocimiento profundo de la realidad nacional.


