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El viejo “buey que más jala”: del PRD de Orlando Martínez al PRM que enfrenta el desafío de 2028

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

En los años setenta, el periodista Orlando Martínez convirtió su columna “Microscopio”, publicada en El Nacional, en uno de los espacios de opinión política más leídos e influyentes de la República Dominicana. Desde esa tribuna analizaba con agudeza las principales fuerzas políticas, sus dirigentes y las contradicciones que se producían dentro de las organizaciones partidarias.

En aquella época circulaba la expresión de que el PRD era “el buey que más jala”, una manera de describir la fuerza electoral y la capacidad de movilización que había alcanzado ese partido. Hoy, varias décadas después, esa imagen puede utilizarse para referirse al PRM, una organización que ha logrado convertirse en una de las principales fuerzas políticas del país y que se encamina hacia el proceso electoral de 2028.

El escenario actual presenta una característica importante: dentro del PRM comienzan a tomar forma dos candidaturas presidenciales de gran visibilidad, encabezadas por David Collado y Carolina Mejía, ambos con posibilidades de competir por la nominación presidencial de su organización. La existencia de dos proyectos internos puede ser parte natural de la dinámica democrática de cualquier partido, siempre que las diferencias se procesen dentro de las normas y los mecanismos institucionales.

La experiencia histórica del PRD demuestra, sin embargo, que las disputas internas pueden convertirse en momentos decisivos para la vida de una organización. Orlando Martínez utilizó su tribuna para analizar las contradicciones políticas de su tiempo y las diferencias entre las principales corrientes y dirigentes, especialmente alrededor de figuras como Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.

Aquellas discusiones no fueron únicamente enfrentamientos personales. También estuvieron relacionadas con distintas concepciones sobre el papel que debía desempeñar el partido, su relación con las clases populares, sus dirigentes y los sectores sociales que buscaban influir en su orientación. Por eso, aquella etapa constituye una referencia histórica que puede ser observada por las nuevas generaciones políticas.

El PRM, naturalmente, vive una realidad diferente. El país ha cambiado, la sociedad dominicana también y las circunstancias políticas de 2028 no son las mismas de los años setenta. Sin embargo, existe una enseñanza que continúa teniendo vigencia: la fortaleza de una organización política depende también de su capacidad para administrar sus diferencias y preservar su unidad.

En ese sentido, sería importante que la competencia entre las dos candidaturas no termine convirtiéndose en una fractura dentro del PRM. La existencia de aspiraciones diferentes no tiene necesariamente que conducir a una división. Por el contrario, puede convertirse en una oportunidad para que los dirigentes, militantes y simpatizantes discutan propuestas, visiones y proyectos, respetando las reglas internas y aceptando posteriormente la decisión que corresponda.

Ojalá que estas dos candidaturas puedan desarrollar su competencia sin provocar una fragmentación del partido y que, llegado el momento de escoger la candidatura presidencial, permanezca la unidad del PRM. La historia política dominicana tiene numerosos ejemplos de organizaciones que perdieron fuerza cuando las diferencias internas terminaron siendo más importantes que los objetivos comunes.

El verdadero desafío estará, entonces, en saber competir internamente sin destruir los puentes entre compañeros. Quien resulte escogido deberá necesitar de quienes apoyaron al otro proyecto, porque una candidatura presidencial no se construye solamente con un grupo de dirigentes, sino con una organización completa y con una militancia que necesita sentirse parte del proyecto.

Así, la vieja expresión de Orlando Martínez sobre “el buey que más jala” adquiere una nueva lectura. La fuerza de un partido no solamente se mide por cuántos seguidores tiene o por la popularidad de sus dirigentes, sino también por su capacidad de mantenerse unido cuando llega el momento de escoger quién llevará su bandera. Para el PRM, el gran reto hacia 2028 será precisamente competir sin fracturarse y mantener la unidad después de la competencia interna..

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