Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Resulta llamativo y hasta irónico observar la forma en que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, presenta en actos oficiales tanques de guerra, aviones y equipos militares que pertenecen a otra época. Muchas de estas piezas fueron suministradas por la antigua Unión Soviética hace décadas y muestran evidentes señales del paso del tiempo, lo que provoca comentarios y cuestionamientos sobre su verdadera capacidad operativa en el escenario militar moderno.
La exhibición de armamento antiguo pretende proyectar una imagen de fortaleza y resistencia frente a los adversarios de Cuba. Sin embargo, para numerosos observadores internacionales, estos equipos representan más un símbolo histórico que una herramienta efectiva para enfrentar los desafíos estratégicos del siglo XXI. La tecnología militar ha evolucionado de manera tan acelerada que muchos sistemas utilizados durante la Guerra Fría han quedado completamente superados.
Las guerras contemporáneas ya no dependen exclusivamente de grandes columnas de tanques o escuadrones de aviones tradicionales. Los conflictos recientes han demostrado que la inteligencia artificial, los satélites, los sistemas de vigilancia electrónica, los drones y la guerra cibernética desempeñan un papel cada vez más determinante en el campo de batalla. La superioridad tecnológica suele marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.
Ejemplos recientes en distintas regiones del mundo muestran cómo vehículos aéreos no tripulados relativamente económicos han logrado destruir equipos militares cuyo costo asciende a millones de dólares. Esto evidencia que el poder militar moderno no se mide únicamente por la cantidad de armamento pesado, sino por la capacidad de integrar tecnología avanzada, información en tiempo real y sistemas de precisión.
Mientras muchas naciones invierten miles de millones de dólares en investigación tecnológica, desarrollo de software militar y sistemas de defensa digital, Cuba enfrenta serias limitaciones económicas que dificultan la modernización de sus fuerzas armadas. Esta realidad genera dudas sobre la capacidad de la isla para competir en un entorno donde la innovación tecnológica es el factor decisivo.
Más allá del aspecto militar, numerosos ciudadanos consideran que las prioridades nacionales deberían concentrarse en resolver problemas relacionados con la economía, la producción de alimentos, el sistema eléctrico y la calidad de vida de la población. En ese contexto, la exhibición de equipos militares antiguos puede ser vista por algunos como un espectáculo propagandístico desconectado de las necesidades cotidianas de los cubanos.
La historia demuestra que las grandes potencias militares han triunfado no solo por el tamaño de sus ejércitos, sino por su capacidad de innovar. Desde las comunicaciones digitales hasta los sistemas de navegación satelital, la tecnología se ha convertido en el principal multiplicador de fuerza en los conflictos modernos. Un ejército con equipamiento obsoleto enfrenta enormes dificultades para competir contra adversarios tecnológicamente avanzados.
Por ello, muchos analistas sostienen que el verdadero poder de una nación en el siglo XXI no reside únicamente en los tanques, los cañones o los aviones heredados de épocas pasadas, sino en su capacidad científica, tecnológica e industrial. En un mundo cada vez más digitalizado, la innovación y el conocimiento se han convertido en las armas más importantes para garantizar la seguridad y el desarrollo de cualquier país.
Asimismo, resulta difícil comprender cómo se pretende proyectar una imagen de poder militar exhibiendo aviones y tanques de guerra que, por su antigüedad, deberían formar parte de un museo histórico. Ese tipo de propaganda pertenecía a una época en la que los gobiernos podían controlar casi por completo la información que recibían sus ciudadanos. Hoy la realidad es muy distinta.
Cuba se encuentra rezagada en muchos aspectos tecnológicos y ya no basta con organizar desfiles militares para convencer a la opinión pública. En la era digital, las imágenes, los datos y los acontecimientos del mundo están al alcance de cualquier persona con solo hacer un clic, permitiendo que cada ciudadano compare por sí mismo el verdadero nivel de desarrollo de las naciones y la capacidad real de sus instituciones.


