
Por Juan José Encarnación.-
El presidente Luis Abinader no será valorado por la cantidad de préstamos que haya aprobado durante su gestión, sino por el destino que esos recursos han tenido. En toda administración pública, el endeudamiento puede convertirse en una herramienta para impulsar el desarrollo cuando los fondos son invertidos de manera responsable y en beneficio de la población.

En el caso del actual gobierno, los recursos obtenidos mediante financiamiento se reflejan en una amplia cartera de obras de infraestructura que hoy son visibles en diferentes provincias del país. Carreteras, pasos a desnivel, puentes, sistemas de transporte masivo y proyectos de conectividad forman parte de las inversiones ejecutadas con esos recursos.
Entre las iniciativas más emblemáticas se encuentran el Monorriel de Santiago, la expansión del Teleférico de Santo Domingo y diversas obras viales que buscan reducir los tiempos de desplazamiento, mejorar la movilidad y fortalecer la comunicación terrestre entre las distintas regiones del país. Estas inversiones tienen un impacto directo en la calidad de vida de millones de dominicanos.
A diferencia de otros momentos de la historia nacional, muchos ciudadanos sostienen que los préstamos actuales no han sido utilizados para enriquecer a familiares, amigos o grupos cercanos al poder, sino para desarrollar proyectos de infraestructura que permanecerán como patrimonio del Estado y servirán a las futuras generaciones.

Las grandes obras públicas no solo representan una mejora en el transporte y la conectividad, sino que también generan miles de empleos durante su construcción, dinamizan la economía nacional y crean condiciones más favorables para atraer inversiones privadas y fortalecer el turismo.
Es evidente que aún quedan importantes desafíos por superar y numerosas obras pendientes de concluir. Sin embargo, el ritmo de inversión pública demuestra que el Gobierno ha priorizado proyectos de largo alcance con el propósito de transformar la infraestructura nacional y responder a necesidades históricas de la población.

Como ocurre con toda gestión gubernamental, la evaluación definitiva no dependerá únicamente de los discursos ni de los debates políticos, sino de los resultados que puedan comprobarse con el paso de los años. Las obras terminadas y el beneficio que generen serán el principal criterio para medir el impacto de esta administración.
Al final, será el tiempo quien emita el veredicto más objetivo sobre el gobierno del presidente Luis Abinader. Si las inversiones financiadas mediante préstamos continúan traduciéndose en infraestructura útil, desarrollo económico y mejores oportunidades para la mayoría de los dominicanos, será esa realidad, y no el monto de la deuda, la que marcará el legado de su gestión.


