Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Durante muchos años consideré el fútbol un deporte desabrido. Nunca lograba captar mi atención como lo hacían otras disciplinas deportivas y, sinceramente, no entendía por qué millones de personas paralizaban sus actividades para seguir un partido de noventa minutos.
Sin embargo, por invitación de un amigo acepté acompañarlo a un centro comercial para presenciar la gran final del Mundial de Fútbol 2026 entre España y Argentina. El ambiente era impresionante: decenas de personas reunidas frente a una pantalla gigante, viviendo cada jugada con emoción y expectativa.

Desde los primeros minutos del encuentro comencé a observar el desarrollo del juego con detenimiento. Mientras mi amigo disfrutaba cada acción, le comenté que, por la forma en que se estaba desarrollando el partido, España tenía mayores posibilidades de quedarse con el campeonato.
Mi análisis era sencillo. España dominaba la posesión del balón, controlaba el ritmo del encuentro y constantemente jugaba en terreno argentino. Además, era el equipo que más se acercaba a la portería rival, generando las oportunidades de mayor peligro.
Con el paso de los minutos el partido continuó bajo el mismo guion. Argentina resistía como podía los constantes ataques españoles, mientras su portero se convertía en la gran figura del encuentro al evitar una y otra vez que el marcador se abriera.

Cuando faltaban pocos minutos para concluir el tiempo reglamentario, ocurrió lo que había anticipado desde el inicio. España logró romper la sólida defensa argentina y marcó el único gol del partido, suficiente para conquistar el título mundial con una victoria 1-0.
Hay que reconocer el extraordinario desempeño del guardameta argentino. Sus intervenciones fueron espectaculares y mantuvieron con vida a su selección durante casi todo el encuentro. Sin su actuación, el resultado habría sido mucho más amplio, pues España generó numerosas ocasiones claras de gol.
Aquella final cambió mi forma de ver el fútbol. Comprendí que detrás de cada partido existe estrategia, disciplina, inteligencia táctica y mucha emoción. Aunque durante años lo consideré un deporte sin atractivo, esa noche descubrí por qué el fútbol despierta tanta pasión en millones de personas alrededor del mundo.


