La química sexual no solo depende de la atracción física entre dos personas.
El amor puede inspirarnos a dar lo mejor de nosotros, pero nunca debería llevarnos a perder nuestra esencia. Aunque muchas personas creen que amar significa sacrificarlo todo, una relación sana se construye desde el respeto, la confianza y el crecimiento mutuo, no desde la renuncia a quién eres, como mujer y ser libre.
Abandonar Nuestros sueños y metas
Es normal que una relación implique acuerdos y cambios, pero renunciar a tus proyectos personales para complacer a tu pareja puede convertirse en un error del que después sea difícil recuperarse. Tus estudios, tu carrera, un emprendimiento o cualquier meta forman parte de tu identidad y de tu futuro.
Una pareja que realmente te ama celebrará tus logros y buscará la manera de crecer contigo, no de hacerte sentir culpable por perseguir aquello que te hace feliz. Construir una vida en pareja no significa dejar de construir la tuya. En la experiencia, de las y los que hemos vivido, coincidimos en que mantener la autonomía fortalece las relaciones y ayuda a preservar el bienestar emocional.
Cambiar tu forma de ser o tus gustos. Si sientes que debes modificar tu personalidad, tu forma de vestir, tus pasatiempos o incluso tus opiniones para que alguien permanezca a tu lado, es momento de hacer una pausa, y razonar en que eso no esta bien, no es justo y no ayuda, ni a ti, tampoco a la pareja.
El amor sano no exige que dejes de ser quien eres. Adaptarse en algunos aspectos es parte de cualquier convivencia, pero transformar tu esencia para encajar en las expectativas de otra persona puede afectar tu autoestima.
Dejar a tu familia o amigos Uno de los principales focos de alerta en una relación es cuando tu pareja intenta aislarte de las personas que más quieres. Alejarte de familiares y amigos significa perder una importante red de apoyo emocional. Mantener vínculos con quienes te conocen y te quieren ayuda a conservar una perspectiva objetiva sobre la relación y a sentirte acompañada en momentos difíciles. El equilibrio consiste en dedicar tiempo tanto a la pareja como a las demás personas importantes en tu vida, sin que una relación absorba por completo tu mundo.
Justificar o tolerar malos tratos. Ninguna muestra de amor justifica el maltrato, ya sea físico, psicológico, verbal o emocional. Frases justificadoras como Estaba enojado/a, Se que va a cambiar o lo hizo porque me ama, pueden convertirse en excusas que normalizan conductas dañinas. El respeto debe ser la base de cualquier relación. Si existen humillaciones, control excesivo, amenazas, manipulación o violencia, no se trata de una historia de amor, sino de una situación que requiere atención.
Recordemos,,, Poner límites a lo tuyo no es egoísmo, es una forma de proteger la propia idea de tu bienestar y eso preciado, que genera respeto en las gentes normales: tu dignidad.
Dejar de cuidar de la propia persona. Cuando una relación ocupa todo tu tiempo y energía, es fácil olvidar aquello que te hace sentir bien. Descuidar tu salud física, emocional, tus hobbies o incluso tus momentos de descanso puede hacer que pierdas el equilibrio. El amor propio no compite con el amor de pareja, por favor, ambos deben coexistir. Seguir cuidando de ti, dedicar tiempo a tus intereses y priorizar tu bienestar no te convierte en una persona egoísta, sino en alguien que entiende que una relación sana empieza por una buena relación con uno mismo.
Según los que han vivido y/o los expertos que han estudiado el fenómeno de la vida en pareja, el amar profundamente no significa sacrificar tu identidad, tus sueños o tu tranquilidad. La persona correcta caminará a tu lado, respetará tus límites y celebrará tu crecimiento.


