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La Francia y el monumento a la caña: una huella de la historia azucarera en la antigua Calle Real

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

Cuando uno recorre hoy la avenida España, en Santo Domingo Este, puede preguntarse por qué en este antiguo eje vial existe un monumento dedicado a la caña de azúcar, una planta que aparentemente podría parecer ajena al paisaje urbano contemporáneo. Sin embargo, cuando se profundiza en la historia de esta zona, aparece una explicación relacionada directamente con uno de los períodos más importantes de la economía dominicana: el desarrollo de la industria azucarera.

La actual avenida España fue conocida durante mucho tiempo como Calle Real, una vía que comunicaba importantes sectores de la parte oriental de la ciudad con las zonas próximas al río Ozama y al litoral. En sus alrededores se fueron estableciendo instalaciones industriales que transformaron progresivamente el paisaje. Entre ellas se encontraba el antiguo ingenio La Francia, cuya existencia ayuda a comprender por qué la caña de azúcar llegó a convertirse en un símbolo de este territorio.

El ingenio La Francia estuvo vinculado a capitales franceses y aparece en las referencias históricas como una empresa establecida formalmente en 1883, aunque algunas fuentes sitúan sus inicios hacia 1876. Su creación estuvo relacionada con la Société des Sucreries de Saint-Domingue, organización empresarial de capital francés vinculada a figuras como Eugène Pereire, en un momento en que inversionistas extranjeros miraban hacia la República Dominicana como un espacio con posibilidades para el desarrollo de la industria azucarera.

La administración de aquel ingenio también estuvo relacionada con ciudadanos franceses. Entre sus primeros administradores se menciona a Albert Schacher, mientras que posteriormente aparece Louis de Boyrie. Estos nombres forman parte de una etapa en la que la producción de azúcar comenzó a adquirir una dimensión industrial más importante, sustituyendo progresivamente antiguos métodos de producción por instalaciones capaces de procesar grandes cantidades de caña.

Desde una perspectiva histórica, la presencia de La Francia no debe verse como un hecho aislado. El ingenio formaba parte de un proceso económico mucho mayor que modificó profundamente el territorio dominicano durante las últimas décadas del siglo XIX. La expansión de los ingenios provocó movimientos de capital, llegada de trabajadores, crecimiento de caminos y asentamientos y, sobre todo, la transformación de extensas áreas rurales en espacios vinculados a la producción azucarera.

Por eso, el monumento a la caña adquiere un significado mucho más profundo. No es simplemente una escultura colocada en una avenida, sino que podía interpretarse como una representación de la actividad económica que durante décadas marcó el entorno. La caña era materia prima, fuente de trabajo y símbolo de una industria que dejó una profunda huella en la historia social y económica de Santo Domingo y de toda la República Dominicana.

Con el paso del tiempo, aquel paisaje industrial fue cambiando. En el entorno donde posteriormente se desarrollarían instalaciones como Molinos Dominicanos, quedaron las huellas de diferentes etapas de la transformación económica de la zona oriental de Santo Domingo. Lo que hoy vemos como un espacio urbano densamente poblado fue, en otras épocas, un territorio donde convivían caminos, instalaciones industriales, áreas de producción y terrenos relacionados con la actividad agrícola.

Así, cuando observamos la antigua Calle Real, hoy avenida España, no debemos verla únicamente como una vía moderna de circulación. Debajo de la ciudad contemporánea existe una memoria económica e industrial que merece ser reconstruida. El monumento a la caña puede entenderse, entonces, como una pieza de esa memoria: un recordatorio de la época en que la caña de azúcar, los ingenios y las inversiones extranjeras fueron protagonistas de la transformación de Santo Domingo. La historia de La Francia permite mirar ese espacio con otros ojos y comprender que cada calle, cada industria y cada monumento pueden guardar una parte de la historia de la República Dominicana.

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