VENEZUELA.-
Dos poderosos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela a las 18:05, hora local, provocando escenas de angustia y dejando una estela de destrucción en varias comunidades de la región. Las autoridades y organismos de socorro trabajan contrarreloj para evaluar los daños y atender a los afectados.
De acuerdo con las informaciones disponibles, el primer movimiento telúrico tuvo su epicentro entre las ciudades de Yumare y Montalbán, una zona donde numerosas viviendas presentan condiciones estructurales vulnerables frente a fenómenos sísmicos de gran intensidad.
Los reportes preliminares indican que al menos 188 personas han perdido la vida como consecuencia de la tragedia. Sin embargo, la magnitud del desastre hace temer que la cifra de víctimas mortales continúe aumentando en las próximas horas conforme avancen las labores de búsqueda y rescate.

Las estimaciones del Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS) señalan que es muy probable que el número final de fallecidos supere las mil personas e, incluso, que en el peor de los escenarios pueda rebasar las diez mil víctimas, dada la densidad poblacional y la fragilidad de las construcciones existentes en la zona afectada.
Especialistas explican que gran parte de la población habita en edificaciones elaboradas con mampostería de ladrillo sin refuerzo estructural y construcciones de bloques de adobe, materiales que presentan una alta vulnerabilidad ante sacudidas sísmicas de gran magnitud.
Los equipos de emergencia han desplegado operativos en distintos municipios para remover escombros, localizar sobrevivientes y brindar asistencia médica a los heridos. Asimismo, se han habilitado refugios temporales para las familias que perdieron sus hogares o que temen nuevas réplicas.
La tragedia vuelve a poner sobre la mesa la importancia de fortalecer las normas de construcción antisísmica y de implementar planes de prevención y respuesta ante desastres naturales, especialmente en regiones donde la infraestructura existente no ofrece las garantías necesarias para proteger la vida de sus habitantes.


