InicioMunicipalEl puente de las barquitas: una huella olvidada de la Guerra de...

El puente de las barquitas: una huella olvidada de la Guerra de Abril de 1965

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO, RD.-

La historia de Santo Domingo Este conserva episodios que, con el paso de los años, han quedado relegados al recuerdo de quienes los vivieron. Uno de ellos está relacionado con la Guerra de Abril de 1965 y con una singular estructura que, durante aquellos días de incertidumbre, permitió establecer una comunicación temporal entre distintos puntos de la capital y la margen oriental del río Ozama. Se trataba de un puente de barcazas de hierro, concebido inicialmente para facilitar el movimiento de tropas y equipos militares durante la intervención estadounidense.

En abril de 1965, la República Dominicana quedó sumergida en una profunda crisis política y militar. El levantamiento constitucionalista, que reclamaba el retorno al orden constitucional y la restitución de Juan Bosch, provocó una confrontación que rápidamente adquirió dimensiones internacionales. Estados Unidos, en el contexto de la Guerra Fría y después del triunfo de la Revolución Cubana, interpretó los acontecimientos dominicanos bajo el temor de que pudiera surgir en el Caribe otro gobierno identificado con el comunismo.

En ese escenario internacional apareció también la figura de Ernesto “Che” Guevara, cuya actividad revolucionaria fuera de Cuba alimentaba las preocupaciones de Washington. El Che se encontraba fuera de Cuba en 1965, y existieron temores y especulaciones estadounidenses sobre la posible influencia de Cuba y de otros movimientos revolucionarios en la crisis dominicana.

La intervención militar estadounidense transformó la geografía estratégica de Santo Domingo. El movimiento de tropas, vehículos, combustible, alimentos, municiones y otros pertrechos requería establecer vías de comunicación que permitieran desplazar fuerzas con rapidez. En ese contexto fue utilizada una estructura de barcazas de hierro sobre el río Ozama, que facilitaba el tránsito entre sectores de la zona norte de Santo Domingo y la margen oriental, particularmente en dirección hacia Los Mina y sus alrededores.

Aquella solución de ingeniería militar tenía un carácter esencialmente práctico. Las barcazas, unidas para formar una superficie de paso, permitían que vehículos y equipos atravesaran el Ozama sin depender exclusivamente de los puentes existentes. Para una ciudad dividida por el río y sometida a las exigencias de un conflicto armado, aquella estructura representaba mucho más que una simple vía de comunicación: era una pieza dentro de la compleja logística de una intervención militar que había convertido a Santo Domingo en escenario de la Guerra Fría en el Caribe.

Pero terminada la confrontación, aquella infraestructura no desapareció inmediatamente. El puente de barcazas quedó incorporado, de manera temporal, a la vida cotidiana de los habitantes de ambas márgenes del Ozama. Lo que había sido levantado por razones militares comenzó a adquirir una utilidad civil, permitiendo el desplazamiento de munícipes que necesitaban cruzar de un lado al otro del río. De esta manera, una estructura nacida de la emergencia terminó formando parte de la memoria urbana de Santo Domingo Este.

Años después, durante el gobierno de Joaquín Balaguer, se construyó el puente Gregorio Luperón, destinado a ofrecer una solución más permanente y adecuada para la comunicación vial sobre el Ozama. Con la entrada en funcionamiento de esta nueva infraestructura, el antiguo sistema de barcazas fue perdiendo importancia hasta quedar prácticamente relegado al olvido. La modernización de las vías de comunicación terminó sustituyendo aquella improvisada obra que había sido testigo de uno de los episodios más dramáticos de la historia dominicana del siglo XX.

Hoy, cuando Santo Domingo Este contempla un proceso acelerado de transformación urbana, recuperar la memoria del llamado puente de las barquitas tiene un valor histórico especial. Aquellas barcazas fueron testigos silenciosos de la Guerra de Abril, de la presencia militar extranjera y de la vida cotidiana de una población que necesitaba comunicarse a ambos lados del Ozama. Quizás ya no quede físicamente aquella estructura, pero su recuerdo forma parte de la historia urbana de Los Mina, Sabana Perdida y de toda la ribera oriental del río. Las ciudades también se construyen con sus recuerdos, y rescatar estos episodios significa impedir que una parte de nuestra memoria colectiva desaparezca bajo el cemento de la modernidad.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisment -spot_img

Más Popular

Comentarios recientes