Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
La capacidad de convocatoria y la concentración de dirigentes que exhiben algunos aspirantes de la Fuerza del Pueblo interesados en conquistar la Alcaldía de Santo Domingo Este constituyen una realidad política que merece ser observada con atención. Reunir dirigentes, movilizar simpatizantes y demostrar fuerza dentro de una organización partidaria son elementos importantes en cualquier proyecto político; sin embargo, cuando se aspira a dirigir el primer municipio más poblado del país, el verdadero desafío consiste en demostrar que se posee una visión clara, responsable y sostenible para enfrentar los problemas que afectan diariamente a sus munícipes. La política municipal no puede medirse únicamente por la cantidad de personas que asisten a una actividad, sino también por la calidad de las soluciones que se presentan.
Uno de los principales desafíos que debe abordar cualquier aspirante a la Alcaldía es el manejo integral de los desechos sólidos. Santo Domingo Este necesita una política de limpieza que vaya más allá de recoger la basura cuando se acumula en las calles. Es indispensable explicar cómo se organizarían las rutas de recolección, qué mecanismos de supervisión se aplicarían, cómo se garantizaría la eficiencia de las empresas contratadas y de qué manera se involucraría a la ciudadanía en la clasificación y disposición adecuada de los residuos. También habría que establecer metas verificables para reducir los vertederos improvisados, evitar la acumulación de desperdicios en los espacios públicos y garantizar que los recursos municipales destinados a la limpieza produzcan resultados visibles y permanentes.
Otro asunto de importancia capital es el drenaje pluvial, una problemática que pone a prueba la capacidad de planificación de cualquier administración municipal. Cuando las lluvias provocan inundaciones, dificultan el tránsito, afectan viviendas y ponen en peligro la seguridad de las familias, queda en evidencia la necesidad de combinar prevención, mantenimiento e inversión en infraestructura. Por eso, los aspirantes deben explicar qué harían para identificar los puntos críticos del municipio, limpiar cañadas e imbornales, recuperar los sistemas de drenaje obstruidos y coordinar con el Gobierno central las obras que excedan las posibilidades presupuestarias del Ayuntamiento. No basta con visitar las zonas afectadas después de cada aguacero; es necesario presentar un plan de intervención con prioridades, plazos y fuentes de financiamiento.
A estos problemas se suma la necesidad de contar con una solución definitiva y ambientalmente responsable para la disposición final de los residuos sólidos. La falta de una instalación propia de disposición final no debe abordarse con promesas improvisadas, sino mediante una estrategia técnicamente sustentada que determine las alternativas viables para Santo Domingo Este. Cualquier propuesta debe considerar los costos de transporte, la disponibilidad de terrenos apropiados, los estudios de impacto ambiental, la protección de las comunidades cercanas y el cumplimiento de las normas sanitarias. Asimismo, debe contemplar la posibilidad de establecer acuerdos intermunicipales o regionales, cuando resulte conveniente, y promover el aprovechamiento de materiales reciclables para reducir la cantidad de residuos que finalmente llegan a disposición final.
Pero hay un elemento que no debe pasar inadvertido: las propuestas de un candidato a la Alcaldía no pueden estar dirigidas exclusivamente a los miembros de su partido. Los dirigentes y simpatizantes representan una parte importante de la vida política, pero los munícipes constituyen una comunidad mucho más amplia, integrada por ciudadanos de distintas preferencias partidarias, trabajadores, comerciantes, profesionales, jóvenes, adultos mayores y familias que esperan servicios públicos eficientes. El candidato que aspire a gobernar debe hablarles a todos, escuchar sus preocupaciones y presentar sus planteamientos en un lenguaje claro, accesible y transparente. La Alcaldía no es una institución destinada a servir a una organización política, sino a toda la población del municipio, sin distinciones partidarias.
En ese sentido, sería conveniente que los aspirantes presentaran un programa municipal que incluya objetivos concretos, estimaciones presupuestarias, mecanismos de fiscalización y criterios para evaluar los resultados de cada iniciativa. Los ciudadanos tienen derecho a conocer cuánto costarían las soluciones anunciadas, de dónde provendrían los recursos y qué responsabilidades asumirían el Ayuntamiento, el Gobierno central y las instituciones correspondientes. También deben explicar cómo garantizarían la transparencia en las contrataciones, la participación de las comunidades y la continuidad de los proyectos más allá de las coyunturas políticas. Gobernar una ciudad exige capacidad de diálogo, conocimiento de la legislación municipal y disposición para rendir cuentas, porque una promesa sin planificación difícilmente se convierte en una solución duradera.
Finalmente, la fuerza de una candidatura municipal no debe evaluarse solamente por el tamaño de sus concentraciones, la cantidad de dirigentes que la respaldan o el entusiasmo que despierta entre sus seguidores. Todo eso forma parte de la competencia política, pero la ciudadanía necesita conocer qué propone cada aspirante para transformar la realidad de Santo Domingo Este. Los problemas de los desechos sólidos, el drenaje pluvial, la disposición final de la basura y la planificación urbana requieren respuestas serias, viables y sostenibles. Por tanto, esperemos que los aspirantes de la Fuerza del Pueblo y de las demás organizaciones políticas den el paso de la demostración de fuerza partidaria a la presentación de propuestas concretas ante la población. Al final, el gran reto no consiste solamente en conquistar el Palacio Municipal, sino en demostrar cómo se puede administrar mejor la ciudad y elevar la calidad de vida de sus habitantes.


