Una conversación con el fallecido concejal Abel Matos nos llevó a recordar aquel Los Mina de hace 50 años, cuando había que quitarse los zapatos para cruzar el lodo y el pasaje en las rutas de transporte costaba apenas diez centavos.
Por Roberto Veras,
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Hace algunos años tuve la oportunidad de conversar con el concejal Abel Matos, hoy fallecido, sobre los grandes cambios que ha experimentado el sector de Los Mina a través del tiempo. En aquella conversación recordamos cómo era la comunidad varias décadas atrás, cuando muchas de las calles que hoy conocemos asfaltadas, transitadas y rodeadas de edificaciones formaban parte de un paisaje muy diferente. Para quienes vivimos aquella época, hablar de Los Mina de entonces es también hablar de una etapa en la que el crecimiento urbano apenas comenzaba a transformar esta parte de Santo Domingo Este.
Recordábamos que, aproximadamente cincuenta años atrás, para trasladarnos desde determinadas zonas de Los Mina teníamos que dirigirnos hacia las inmediaciones de la Textil de Los Mina, aquella importante fábrica de telas de carácter estatal que constituía uno de los principales puntos de referencia de la zona. La empresa no solamente representaba una fuente de empleo y actividad económica, sino que también servía como una especie de frontera entre dos realidades urbanas. Hacia determinados sectores todavía predominaban caminos de tierra, mientras que en dirección al Ensanche Ozama las condiciones de las vías eran considerablemente mejores.
Uno de los recuerdos que más permaneció en aquella conversación con Abel Matos era el de los días lluviosos. Cuando llovía, quienes vivíamos en la parte sur de Los Mina muchas veces teníamos que quitarnos los zapatos para poder atravesar aquellos caminos cubiertos de un característico lodo rojo. Era una escena que hoy puede parecer difícil de imaginar para las nuevas generaciones, acostumbradas a calles asfaltadas, vehículos y una dinámica urbana mucho más desarrollada. Pero para nosotros era parte de la vida cotidiana y una realidad que había que enfrentar cada vez que las lluvias convertían los caminos en verdaderos obstáculos.
La situación cambiaba cuando llegábamos a las proximidades de la Textil de Los Mina. Allí, según recordábamos, comenzaba el asfalto y el tránsito se hacía mucho más cómodo. Era entonces cuando nos volvíamos a poner los zapatos y continuábamos nuestro recorrido hacia el Ensanche Ozama. Aquella sencilla acción de quitarse y ponerse los zapatos representa hoy, más que una anécdota, una imagen de las enormes diferencias que existían entre los distintos sectores de la zona y de las condiciones en que se desarrollaba la vida de sus habitantes.
También recordamos durante aquella conversación el transporte público de aquellos años. Existían dos rutas de vehículos que realizaban el recorrido hacia la calle Benito y la calle Duarte, y el pasaje costaba apenas diez centavos. Para quienes vivimos aquella época, esos diez centavos eran suficientes para trasladarnos y formar parte de una ciudad que comenzaba a expandirse. El transporte, aunque limitado comparado con el de hoy, cumplía una función fundamental para conectar Los Mina con otros puntos de la ciudad y facilitar el movimiento de trabajadores, estudiantes y familias.
El crecimiento posterior de Los Mina fue modificando progresivamente aquel paisaje. Las calles fueron siendo asfaltadas, aparecieron nuevas construcciones, aumentó considerablemente la población y el transporte adquirió una dinámica completamente diferente. Lo que anteriormente eran caminos difíciles de transitar fueron convirtiéndose en importantes vías de comunicación. La expansión urbana también hizo que sectores que antes parecían distantes terminaran integrándose en una gran zona metropolitana, con una intensa actividad comercial, residencial y social.
Por eso, recordar aquellas conversaciones con Abel Matos tiene para mí un significado especial. No se trata solamente de recordar a una persona que ya no está, sino de rescatar una parte de la memoria de Los Mina. Las historias de quienes conocimos aquel territorio cuando todavía predominaban los caminos de tierra, el lodo rojo y las rutas de transporte de diez centavos constituyen testimonios de una época que poco a poco va quedando atrás. Cada calle asfaltada y cada transformación urbana tienen detrás una historia de esfuerzo, crecimiento y adaptación de varias generaciones.
¡Cuánto ha cambiado Los Mina! Cuando uno observa hoy sus calles, sus edificaciones, sus comercios, el movimiento vehicular y la cantidad de personas que diariamente recorren sus avenidas, resulta difícil imaginar aquel lugar donde en los días de lluvia había que quitarse los zapatos para atravesar el lodo. Sin embargo, esa memoria forma parte de nuestra identidad. Los Mina no solamente ha cambiado físicamente; también ha cambiado la vida de sus habitantes y la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno. Recordar cómo era ayer nos permite comprender mejor el largo camino recorrido hasta el Los Mina de hoy.


