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La Cruz de Mendoza: un monumento que guarda la memoria histórica de Santo Domingo Este

 

Por Roberto Veras

SANTO DOMINGO ESTE, RD.-

La Cruz de Mendoza constituye uno de los lugares de mayor significación histórica de Santo Domingo Este, aunque durante mucho tiempo su importancia permaneció prácticamente desconocida para buena parte de las nuevas generaciones. Mucho antes de que la zona oriental se convirtiera en una extensa ciudad, con grandes avenidas, urbanizaciones, comercios y una intensa actividad económica, en estos territorios existían caminos rurales, haciendas, terrenos agrícolas y comunidades vinculadas a la economía colonial. En ese paisaje antiguo surgió y permaneció la Cruz de Mendoza, convertida con el paso de los siglos en una referencia territorial, religiosa y comunitaria.

Para comprender el significado de esta cruz hay que remontarse a la época colonial y observar el desarrollo de la antigua Hacienda Mendoza y de los asentamientos que fueron surgiendo en la margen oriental del río Ozama. Mendoza no era entonces el sector urbano que conocemos actualmente, sino un territorio de características rurales donde se desarrollaban actividades agrícolas y ganaderas. Muy cerca de esta zona se encontraba también San Lorenzo de Los Mina, comunidad cuya historia está profundamente relacionada con la presencia de población africana y afrodescendiente en el territorio oriental. De aquella realidad colonial nació una geografía humana que posteriormente desempeñaría un papel importante en la historia social y política de Santo Domingo.

La cruz, como símbolo cristiano, tenía además una función dentro de la sociedad colonial. Las cruces colocadas en determinados caminos, comunidades y propiedades podían convertirse en referencias para los habitantes y viajeros, pero también estaban relacionadas con las prácticas religiosas de una población profundamente marcada por el catolicismo. Con el transcurso del tiempo, la Cruz de Mendoza dejó de ser únicamente un símbolo religioso para convertirse en una referencia conocida por los moradores de la zona. Generación tras generación, su nombre quedó asociado al propio territorio, de manera que hablar de Mendoza significaba también reconocer aquella antigua cruz que permanecía como testigo de una época desaparecida.

Pero la importancia histórica del lugar adquirió una dimensión mucho mayor por su vinculación con la rebelión de Mojarra y Mendoza de 1812. A comienzos del siglo XIX, Santo Domingo atravesaba un período de grandes transformaciones políticas. La crisis de la monarquía española, las guerras europeas y las ideas constitucionales que llegaban desde España crearon expectativas entre diferentes sectores de la población. En ese contexto, un grupo de negros esclavizados y libres de la parte oriental de Santo Domingo protagonizó un movimiento de resistencia que posteriormente sería conocido como la rebelión de Mojarra y Mendoza.

Entre los nombres vinculados a aquella rebelión aparece Pedro de Seda, señalado por diversas investigaciones y relatos históricos como uno de sus principales dirigentes. El movimiento expresaba el descontento existente entre sectores negros que vivían bajo un sistema caracterizado por la esclavitud, las desigualdades y las restricciones sociales. Las noticias relacionadas con la Constitución de Cádiz de 1812 fueron interpretadas por algunos de estos grupos como una posibilidad de transformación de su situación. La rebelión, por tanto, debe entenderse dentro de un escenario mucho más amplio que una simple protesta local: formaba parte de las tensiones sociales y políticas que atravesaban el mundo atlántico a comienzos del siglo XIX.

La respuesta de las autoridades fue represiva. Los participantes fueron perseguidos, apresados y sometidos a castigos severos. En las reconstrucciones históricas de aquellos acontecimientos, Pedro de Seda aparece estrechamente vinculado a la Cruz de Mendoza, pues diversas fuentes sostienen que fue ejecutado públicamente en este lugar. Aunque existen diferencias entre las fuentes respecto a determinados detalles y a los sitios exactos relacionados con la ejecución de los diferentes participantes, la tradición histórica de Mendoza ha conservado la Cruz como uno de los espacios asociados a la represión de aquella rebelión. Esa relación convierte al monumento en un testimonio de una página particularmente dolorosa de la historia colonial dominicana.

La memoria de Pedro de Seda y de los demás participantes en aquella rebelión también permite comprender una parte de la historia de la población negra de la margen oriental que durante mucho tiempo recibió menos atención en los relatos históricos tradicionales. La historia dominicana no solamente está formada por grandes batallas, presidentes, tratados y acontecimientos ocurridos en los centros de poder. También está construida con las luchas de campesinos, esclavizados, libertos, trabajadores y comunidades que, desde lugares como Mojarra, Mendoza y Los Mina, participaron en procesos que posteriormente formarían parte de la evolución de la sociedad dominicana.

Con el paso de los años, sin embargo, la Cruz de Mendoza adquirió nuevas funciones y significados. El lugar continuó siendo reconocido por la comunidad y quedó integrado a las prácticas religiosas y populares de la zona. La celebración de la Santa Cruz, el 3 de mayo, estuvo vinculada a expresiones de religiosidad popular, mientras que el espacio también quedó relacionado con el tránsito de procesiones y cortejos fúnebres hacia lugares utilizados por la comunidad. De esta manera, la cruz fue acumulando diferentes capas de memoria: primero como símbolo religioso, posteriormente como referencia territorial y finalmente como espacio asociado a acontecimientos históricos que habían ocurrido mucho antes de que existiera la ciudad moderna.

El crecimiento urbano transformó radicalmente aquel paisaje. Los antiguos caminos fueron convertidos en calles y avenidas; las tierras agrícolas dieron paso a viviendas, establecimientos comerciales y nuevas urbanizaciones; y los antiguos poblados terminaron integrándose al gigantesco proceso de expansión de Santo Domingo Este. La antigua zona de Mendoza quedó conectada con importantes vías como la Carretera de Mendoza y la avenida Charles de Gaulle. En medio de esa transformación, la Cruz permaneció como una especie de testigo silencioso de una ciudad que había cambiado completamente a su alrededor.

Precisamente por esa razón, la Cruz de Mendoza tiene un valor que va más allá de su apariencia física. No se trata solamente de una estructura levantada en un punto determinado de la ciudad. Su verdadero significado se encuentra en las historias que se han construido alrededor de ella: la antigua Hacienda Mendoza, la presencia de población africana y afrodescendiente, la cercanía histórica con Los Mina, la rebelión de 1812, Pedro de Seda, la religiosidad popular y la transformación de un territorio rural en una de las ciudades más importantes de la República Dominicana. Cada uno de esos elementos forma parte de una memoria que merece ser investigada, documentada y transmitida.

En 2026, la Cruz volvió a ocupar un lugar destacado en la conversación pública de Santo Domingo Este debido a la construcción de una nueva estructura monumental en el área. El Ayuntamiento de Santo Domingo Este adjudicó el proyecto por aproximadamente RD$3.39 millones, incluyendo trabajos relacionados con el diseño, construcción, transporte, instalación e iluminación. La intervención representa una oportunidad para devolverle visibilidad a un sitio histórico que durante años permaneció en medio de la transformación urbana. Al mismo tiempo, ha generado interrogantes entre quienes consideran que un monumento histórico debe conservar también elementos materiales de su pasado, precisamente porque esos elementos constituyen parte de su autenticidad.

La Cruz de Mendoza, por tanto, merece ser observada como algo más que un monumento colocado al borde de una avenida. Es una puerta hacia una historia que comienza mucho antes de la ciudad contemporánea y que conduce hasta acontecimientos ocurridos hace más de dos siglos. Bajo su sombra se encuentra la memoria de una sociedad colonial marcada por profundas desigualdades, pero también la memoria de hombres y mujeres que protagonizaron procesos de resistencia y buscaron transformar las condiciones en que vivían. La historia de Pedro de Seda y de la rebelión de Mojarra y Mendoza de 1812 convierte este lugar en un punto de referencia para estudiar la presencia africana y afrodescendiente en la historia dominicana.

Hoy, cuando Santo Domingo Este continúa creciendo y modernizándose, la Cruz de Mendoza puede desempeñar un papel fundamental en la construcción de la memoria histórica del municipio. Conservarla, investigarla y explicar su significado a las nuevas generaciones permitiría que el desarrollo urbano no borre las huellas del pasado. Porque una ciudad no se construye solamente con edificios, carreteras y grandes obras; también se construye preservando los lugares que cuentan de dónde viene su gente. Y la Cruz de Mendoza, después de atravesar siglos de transformaciones, continúa allí como un testigo silencioso de una historia que todavía tiene mucho que contar.

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