Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO ESTE, RD.-
Hasta nuestro estudio de redacción llegó esta fotografía de principios de los años 80, una de esas imágenes que, más que mostrar rostros, parecen abrir una puerta hacia el pasado. En ella aparecen tres personajes vinculados a los primeros tiempos de lo que hoy conocemos como el sector Los Mina Nuevo. Entre ellos está Bartolo Minaya, conocido cariñosamente como Tolo, hermano de mi abuela, acompañado de su esposa, Francisca Félix. El tercer personaje es un triciclero que recorría las calles vendiendo frutas, cuyo nombre, lamentablemente, no logro recordar, aunque su voz y su manera particular de vender todavía permanecen en mi memoria.
Aquel triciclero era parte del paisaje cotidiano del barrio. Recorría las calles con su triciclo cargado de guineos o bananas y, cuando llegaba la hora del almuerzo, tenía una manera muy peculiar de llamar la atención de los vecinos. Con su voz fuerte gritaba: “¡Pero coño, es que esta gente no come!”. Era una expresión que provocaba sonrisas, pero que también tenía algo de verdad, porque después de tantos años todavía puedo imaginarlo recorriendo las calles, tratando de convencer a los vecinos de que compraran alguna fruta para llevar a la mesa.

En aquellos años, Tolo trabajaba en el muelle como activador, un oficio que requería esfuerzo físico y muchas horas de trabajo. Recuerdo que en varias ocasiones me tocó llevarle la comida hasta el puerto. No siempre era fácil encontrarlo descansando, porque cuando llegaba un barco cargado de mercancías el trabajo podía prolongarse durante muchas horas. Eran jornadas pesadas, de esas que dejaban el cuerpo agotado, pero que formaban parte de la vida de muchos hombres que encontraban en el puerto una fuente de sustento para sus familias.
Tengo especialmente presente cuando llegaban aquellos grandes barcos rusos cargados de harina. Para nosotros, desde la mirada de quienes vivíamos en aquel tiempo, aquellos barcos parecían enormes. Su llegada significaba mucho movimiento en el puerto y también largas jornadas para los trabajadores. La descarga de la harina requería esfuerzo, coordinación y resistencia física. Mientras nosotros podíamos imaginar el puerto como un lugar lejano y lleno de barcos, para hombres como Tolo aquello representaba horas de trabajo y sacrificio para llevar el sustento a su hogar.
La fotografía también me hace recordar que Los Mina Nuevo era entonces un lugar muy diferente al que conocemos hoy. Muchas cosas estaban comenzando a desarrollarse y sus habitantes iban construyendo poco a poco la identidad de una comunidad que con el tiempo crecería enormemente. Los vecinos se conocían, los vendedores ambulantes formaban parte de la rutina y los personajes populares eran conocidos por todos, no porque aparecieran en periódicos ni en televisión, sino porque estaban diariamente en las calles compartiendo con la gente.
Quizás por eso esta fotografía tiene un valor que va mucho más allá de quienes aparecen en ella. Es un pedazo de la historia cotidiana de nuestro barrio, una historia que muchas veces no aparece en los libros, pero que permanece guardada en la memoria de quienes la vivieron. Tolo, Francisca y aquel triciclero de frutas representan una época en la que el trabajo, la familia, la vecindad y la solidaridad estaban estrechamente unidos. Son rostros que nos recuerdan que la historia de un sector también se construye con las personas sencillas que caminaron sus calles.
Hoy, tantos años después, mirar esta imagen es volver por un instante a aquellos días. Es recordar a familiares, amigos, trabajadores y vendedores que fueron parte de nuestra formación y de nuestra vida. Quizás nunca logre recordar el nombre del triciclero, pero sí recuerdo su voz anunciando sus guineos y aquella frase que quedó grabada en mi memoria: “¡Pero coño, es que esta gente no come!”. Y eso demuestra que no siempre necesitamos conservar los nombres para conservar las historias. Algunas vivencias permanecen porque forman parte de lo que fuimos, de aquel Los Mina Nuevo que ayudamos a construir y que todavía vive en nuestros recuerdos.


