Por Roberto Veras
SANTO DOMINGO, RD.-
Me gustaría que un historiador explicara con mayor profundidad una interrogante que, a mi juicio, resulta interesante para comprender la distribución del poder y de las responsabilidades militares dentro de la Revolución Cubana. Antes de 1959, durante la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, Raúl Castro tuvo participación en la organización revolucionaria y llegó a desempeñar responsabilidades importantes, pero llama la atención que las principales misiones guerrilleras de mayor proyección parecieran estar vinculadas con figuras como Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos. La pregunta que surge es por qué Raúl Castro no recibió, en la misma dimensión, determinadas misiones militares independientes y de alto riesgo, especialmente cuando después del triunfo revolucionario se convertiría en la máxima autoridad militar de Cuba.
También sería importante analizar el papel que desempeñaron Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos durante la guerra. Ambos adquirieron un enorme prestigio dentro del Ejército Rebelde y fueron colocados al frente de operaciones militares de gran importancia. Guevara, además de su capacidad como combatiente y estratega, terminó convirtiéndose en una figura internacional de la revolución; mientras Cienfuegos alcanzó un extraordinario reconocimiento popular por su participación en la ofensiva rebelde y por su liderazgo militar. Raúl Castro, por su parte, pertenecía al núcleo familiar de Fidel y tenía una posición política y militar relevante, pero su trayectoria durante la lucha estuvo marcada por otras responsabilidades. Lo llamativo es que, después de la revolución, esa situación cambió radicalmente: Raúl Castro pasó a ocupar la máxima responsabilidad dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, convirtiéndose en una de las figuras fundamentales de la estructura militar del nuevo Estado cubano.
La desaparición de Camilo Cienfuegos, ocurrida el 28 de octubre de 1959 cuando viajaba en una avioneta desde Camagüey hacia La Habana, constituye otro de los grandes episodios que siguen generando preguntas y controversias históricas. La versión oficial sostiene que la aeronave desapareció durante el vuelo y que las condiciones meteorológicas pudieron haber contribuido al accidente, pero la ausencia de restos y de una explicación que haya convencido a todos los sectores ha alimentado durante décadas diferentes teorías. Sin embargo, un análisis histórico serio debe separar las sospechas y especulaciones de aquello que puede demostrarse documentalmente. Lo que sí es indiscutible es que la desaparición de Cienfuegos modificó el escenario político y militar de la naciente revolución, porque desaparecía una de sus figuras más populares y carismáticas, dejando un espacio de enorme importancia dentro de la estructura militar revolucionaria.
Después de la desaparición de Camilo, Ernesto Guevara quedó todavía más identificado con la dimensión internacional del proyecto revolucionario. El Che no era simplemente un militar argentino incorporado a la lucha cubana; tenía una concepción mucho más amplia de la revolución y consideraba que la experiencia cubana debía extenderse a otros países. Su participación posterior en proyectos revolucionarios en África y América Latina demuestra que su visión trascendía las fronteras de Cuba. En contraste, Raúl Castro permaneció en la isla y fue consolidando su posición dentro de la estructura militar, hasta convertirse en el principal responsable de las Fuerzas Armadas. Esta diferencia resulta particularmente interesante: mientras el Che era proyectado hacia el exterior para impulsar nuevas experiencias guerrilleras, Raúl se convertía progresivamente en el hombre encargado de organizar, fortalecer y controlar el aparato militar de la revolución dentro de Cuba.
Otro elemento que merece ser estudiado es la relación entre Guevara y la Unión Soviética. Es cierto que el Che expresó públicamente críticas hacia determinados aspectos del modelo soviético y defendió posiciones económicas y revolucionarias que no siempre coincidían con las de Moscú. Sus discursos internacionales muestran una visión crítica frente a la dependencia económica y frente a lo que consideraba una falta de apoyo suficiente de los países socialistas a los movimientos revolucionarios del llamado Tercer Mundo. Sin embargo, de ahí no se desprende automáticamente que Fidel Castro y la dirigencia cubana decidieran enviarlo a Bolivia con la intención deliberada de conducirlo hacia la muerte. Esa interpretación forma parte de una lectura política de los acontecimientos, pero debe diferenciarse de las pruebas históricas disponibles sobre la decisión de Guevara de iniciar la campaña boliviana y sobre las relaciones que mantenía con la dirigencia cubana.
La campaña del Che en Bolivia terminó convirtiéndose en uno de los episodios más dramáticos de la historia revolucionaria latinoamericana. Guevara llegó clandestinamente al país, organizó un pequeño foco guerrillero y terminó enfrentándose a un ejército boliviano respaldado por Estados Unidos. Fue capturado el 8 de octubre de 1967 en La Higuera y ejecutado al día siguiente. Su muerte transformó su figura en un símbolo internacional de la revolución, pero también dejó abiertas numerosas interrogantes sobre las circunstancias políticas que rodearon aquella aventura. Mientras tanto, Raúl Castro continuaba en Cuba ejerciendo el control de la estructura militar, una posición que terminaría convirtiéndolo en el segundo hombre más poderoso del régimen durante décadas. Esta diferencia entre ambos destinos —el Che enviado a una misión guerrillera internacional y Raúl consolidado como jefe militar en Cuba— constituye precisamente uno de los aspectos que merecería una investigación histórica más profunda.
Por eso considero que sería muy interesante que un historiador especializado en la Revolución Cubana respondiera una pregunta de fondo: ¿por qué determinadas misiones militares y revolucionarias de gran trascendencia fueron confiadas a Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos, mientras Raúl Castro siguió una trayectoria diferente dentro de la estructura revolucionaria, para luego convertirse después de 1959 en la máxima autoridad militar del país? Y, posteriormente, ¿qué factores explican que Guevara terminara fuera de Cuba encabezando una guerrilla internacional, mientras Raúl permanecía en la isla fortaleciendo el aparato militar revolucionario? La respuesta probablemente no se encuentre en una sola razón, sino en una combinación de capacidades militares, confianza política, relaciones personales, diferencias ideológicas, estrategia internacional y luchas internas por el poder. Precisamente por eso, más que dar por demostrada la tesis de que al Che se le envió deliberadamente “al paredón” en Bolivia, convendría que los historiadores revisaran documentos, testimonios y decisiones de la época para establecer cuánto hay de hecho comprobable y cuánto corresponde a una interpretación política construida posteriormente.


