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Leonel Fernández y el culto a la grandeza “cuando el liderazgo puede confundirse con la autopercepción”

Por Juan José Encarnación

SANTO DOMINGO, RD.-

La política dominicana ha estado marcada durante décadas por la presencia de figuras de gran influencia que han dejado huellas importantes en la historia nacional. Sin embargo, también ha sido escenario del surgimiento de liderazgos excesivamente personalistas, donde algunos dirigentes llegan a proyectar la imagen de que son imprescindibles para el destino del país y que ninguna otra persona posee las capacidades para sustituirlos.

En ese contexto, uno de los nombres que con mayor frecuencia aparece en el debate político es el del expresidente Leonel Fernández. Sus críticos consideran que en muchas de sus intervenciones públicas transmite una imagen de superioridad política e intelectual que alimenta la percepción de un liderazgo centrado en su propia figura. Sus seguidores, por el contrario, sostienen que esa seguridad responde a su experiencia y trayectoria en la administración del Estado.

No obstante, este fenómeno no es exclusivo de Leonel Fernández ni de un solo partido político. En prácticamente todas las organizaciones políticas dominicanas existen dirigentes que actúan como si estuvieran por encima de sus compañeros, convencidos de que sus decisiones no deben ser cuestionadas y de que su liderazgo es irremplazable. Esa actitud suele generar conflictos internos, divisiones y el desplazamiento de nuevos talentos que podrían contribuir al fortalecimiento de la democracia.

Cuando un líder comienza a creer que su criterio siempre prevalece sobre el de los demás, el partido corre el riesgo de convertirse en una estructura diseñada para servir a una persona y no a los ideales que le dieron origen. El exceso de protagonismo debilita el debate interno, limita la participación de las bases y dificulta la renovación del liderazgo, un elemento esencial para la salud de cualquier organización política.

En el lenguaje cotidiano, muchas personas utilizan términos como «delirios de grandeza» o «megalomanía» para describir ese tipo de comportamiento. Sin embargo, es importante distinguir entre una crítica política y un diagnóstico médico. La salud mental solo puede ser evaluada por profesionales competentes; en el ámbito político, lo apropiado es analizar las conductas, los estilos de liderazgo y sus efectos sobre las instituciones.

La democracia necesita líderes firmes, pero también humildes, capaces de escuchar opiniones diferentes, aceptar críticas y reconocer que ninguna persona está por encima de las instituciones ni de la voluntad popular. Los partidos políticos se fortalecen cuando promueven el relevo generacional, la competencia de ideas y el respeto por la diversidad de opiniones, en lugar de depender exclusivamente del carisma de una sola figura.

La historia política dominicana ofrece ejemplos que invitan a la reflexión. Tras la desaparición física de Joaquín Balaguer, el Partido Reformista perdió gran parte de la fuerza política que había concentrado alrededor de su figura, evidenciando los riesgos de depender excesivamente de un solo líder. Por otro lado, Juan Bosch construyó un partido con una sólida estructura organizativa y una escuela de formación política que le permitió crecer durante años.

Sin embargo, las diferencias entre Leonel Fernández y Danilo Medina terminaron provocando una división que transformó el panorama político nacional. Estos casos muestran que cuando el liderazgo personal se impone sobre la fortaleza institucional, los partidos pueden enfrentar profundas crisis y perder la cohesión necesaria para perdurar en el tiempo.

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